Cada
vez que Navona anuncia que va a publicar un nuevo Ineludible yo empiezo a
morderme las uñas esperando que llegue. Mi fe es absolutamente ciega y me da
igual que el título venga firmado por un autor de reconocido prestigio, como es
este caso, o que lo esté por otro totalmente desconocido para mí, como han sido
otros. Sé que no va a fallar, sé que será una lectura especial, que me llenará,
me inquietará y, sobre todo, me conquistará. Hoy os hablo de “La muerte en
Venecia”.
EL AUTOR
Thomas
Mann (Lübeck, Imperio alemán, 6 de junio de 1875 – Zúrich, Suiza, 12 de agosto
de 1955) fue un escritor alemán nacionalizado estadounidense, considerado uno
de los más importantes de Europa de su generación, recordado por el profundo
análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea y alemana en la
primera mitad del siglo XX. Para ello tomó como referencias principales a la
Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer. A pesar de que
su obra más conocida sea la novela La montaña mágica, Thomas Mann recibió el
Premio Nobel de literatura en 1929. Los diarios personales de Mann, hechos
públicos en 1975, revelan su lucha interna contra una homosexualidad siempre
latente, la cual halló reflejo en sus libros, muy señaladamente en su conocida
obra Muerte en Venecia (1912), en la que el envejecido protagonista se enamora
de un muchacho de 14 años llamado Tadzio. Considerado un clásico de la
literatura homosexual, La muerte en Venecia ha sido objeto de una película de
Visconti y de una ópera de Britten.
MI OPINIÓN
Gustav
von Aschenbach es un consagrado autor alemán de mediana edad que ha sentido la
necesidad de abandonar Alemania y viajar hasta Venecia. Será allí donde quedará
prendado de la belleza de un joven polaco, casi un niño, Tadzio. Una
Venecia que casi se circunscribe al hotel donde se alojan y a la playa cercana
a dicho hotel y, a pesar de esta aparente pobreza de escenarios, el autor
consigue realizar un retrato fidedigno de la decadencia de una ciudad sobre la
que se cierne la amenaza de la peste por mucho que las autoridades quieran
ocultarlo.
Con
solo dos personajes magníficamente retratados, Mann construye una novela en la
que la simbología que encierra prima por encima de la trama en sí misma y desde
luego prima por encima de una acción prácticamente inexistente, por lo que no
lo considero un libro adecuado para aquellos lectores que busquen únicamente
que en una novela “pasen cosas, muchas cosas”. La languidez de unos días de
vacaciones son el perfecto reflejo de la prosa en este libro, una languidez que
contrasta con el tormento interior que vive nuestro protagonista, atormentado
por una pasión que va contra su moralidad, pero que a pesar de ello ni puede ni
quiere evitar subyugado por la belleza del adolescente.
Una
pasión que en ningún momento supondrá ni un acercamiento al joven ni un deseo
pura y estrictamente sexual. Ver esta novela como la narración del deseo de un
escritor maduro por un adolescente es quedarse a las puertas de un libro que
esconde mucho más entre sus páginas y que no disfrutarán aquellos que hagan una
lectura literal de “La muerte en Venecia” porque a través de múltiples
referencias mitológicas, los temas que trata la novela son principalmente la
belleza y la muerte. Tadzio representa todo lo inalcanzable que tiene la
belleza pura, una belleza que subyuga a Aschenbach y que lo arrastra a una
terrible lucha interna de la que no saldrá indemne ni física ni emocionalmente.
Una
novela realmente breve, pero que encierra toda la intensidad de otras obras del
autor que leí hace años y que ya me fascinaron en su momento, como son “La
montaña mágica” y “Los Buddenbrooks”. Una lectura que requiere de una actitud
pausada y analítica para adentrarse en las múltiples interpretaciones que de
ella se pueden inferir por lo que no la considero adecuada ni para todo
tipo de lectores ni, sin duda alguna, para cualquier momento lector. Una
pequeña joya que, con las salvedades hechas, os recomiendo.







