11 de diciembre de 2017

Esta semana leo... #220

Tal y como suponía el martes pasado cerré el libro y no he vuelto a abrirlo hasta ayer. No he leído nada de nada durante el puente, pero al menos antes de su comienzo me dio tiempo a terminar la lectura que tenía entre manos aunque  no comencé En el corazón de París de Virginia Gil Rodríguez, que continúa pendiente para esta semana, sino que me decanté por No digas nada de Brad Parks que es justamente mi actual lectura.

Y no hago más planes ambiciosos, con estos dos libros me conformo porque diciembre, fiel a su costumbre, se presenta con poquísimo tiempo para leer y con una cierta desgana por mi parte en estas fechas en las que ya solo pienso en finiquitar el año, profesionalmente hablando, y en coger unos días de vacaciones para descansar, volver a casa y disfrutar de mi familia y amigos.

Y vosotros ¿qué leéis?

7 de diciembre de 2017

Animales domésticos - Teresa Viejo


No había leído hasta ahora nada de Teresa Viejo a pesar de tener varios libros publicados y os confieso que tampoco tenía previsto leer su última publicación, pero los azares del destino la puso en mi camino y tras leer diversas opiniones muy variadas me animé con ella. Hoy os hablo de Animales domésticos.

Sinopsis 


«Me llamo Abigail y mi vida ha estallado en mil pedazos. Este es el relato de cómo los he ido recogiendo en busca de saber quién soy. Y quiénes han sido las personas que han estado a mi lado.

He descubierto de mí cosas que no sabía. Algunas muy oscuras. He caído en la tentación repetidas veces. He sentido rencor y he urdido una venganza sin que me preocupasen las consecuencias. No me importa que me juzguéis, yo misma lo he hecho. Pero sé que cuando leáis esta historia a pesar de todo me entenderéis. Al fin y al cabo estoy hablando de amor. Y es normal pensar que el amor no tiene límites.

La vida nos pone encrucijadas para que demostremos de qué madera estamos hechos. Como aquella caja de galletas de la infancia que esperaba en lo alto del armario. "No la cojas", advertía mi madre, sin embargo me faltaba tiempo para ir a por ella cuando desaparecía. Me pregunto cómo reaccionas tú cuando te prohíben algo. ¿Qué harías ante la caja de galletas?».

Esta no es la historia de una infidelidad, donde víctima y victimario alternan sus papeles poniéndose a prueba hasta el final, sino una descarnada y actual reflexión sobre las relaciones de pareja y el morbo como catalizador de la atracción sexual.

Animales domésticos es una historia de amor y deseo en estado de ira. Un retrato del modo en que nos relacionamos hombres y mujeres en los frágiles tiempos del amor light. O del «amor líquido» de Zygmunt Bauman, en el que la conexión sexual prima sobre cualquier tipo de vínculo que implique compromiso. Un texto tan visual cuya lectura resuena a series que abundan en el universo de las relaciones cuando se añade otra variable a la ecuación de la pareja, como Big Little Lies, The Affair o Gypsy.

Animales domésticos es el grito desgarrado de Abigail, una mujer con la que resulta tan fácil empatizar que da vértigo reconocerse en ella. Una reflexión sobre el estigma de la infidelidad y la lealtad, sobre la exclusividad sexual, los tabúes, el morbo, la curiosidad, los límites en la privacidad dentro de la pareja; sobre la sensualidad y el poder sexual de una mujer a la que el hombre teme y desea a partes iguales, y su necesidad de ejercerlo. En suma, una historia de condena y redención.

Mi opinión


Abigail y Fernando forman un matrimonio digamos medianamente feliz, con un hijo pequeño. Un matrimonio en el que parece que hace tiempo se apagó la chispa de la pasión sin que esto aparente ser nada especialmente preocupante dada la cantidad de años que llevan juntos. Fernando es arquitecto, aunque profesionalmente las cosas no le van muy bien, todo lo contrario que Abigail que dirige con éxito un negocio inmobiliario que es el sustento económico de la familia, pero ahora a él se le presenta una buena oportunidad en Chile por lo que tendrá que pasar algún tiempo allí. Cuando Abigail lo deja en el aeropuerto nada le hace prever que su mundo, tal y como lo concebía hasta ahora, está a punto de venirse abajo y es que por casualidad entrará en el ordenador de Fernando y descubrirá un correo electrónico bastante apasionado firmado por Orquídea Negra.

Comienza así una historia llena de sorpresas en la que Abigail es la gran protagonista y quizá sea justo en este punto donde radica el principal problema que he tenido con esta novela que ya os anticipo no me ha gustado. Abigail me ha resultado no ya detestable, que también aunque esto no impide que una novela guste o no, sino principalmente poco creíble en muchas de sus actitudes, salvo que estemos hablando de una persona que padece una demencia sobrevenida tras descubrir la infidelidad de su marido ya que de otra forma no puedo entender ni la evolución ni la mayoría de decisiones y reacciones de una mujer que a pesar de arremeter contra su marido, parece más preocupada por culpar a terceras personas y por tramar una venganza hacia a ellas. Además, el camino que emprende en ocasiones, lejos de parecerme la reacción lógica o esperable de alguien tras una infidelidad, me ha resultado más parecido al deseo oculto de saciar una sexualidad reprimida.

En esa loca búsqueda de la verdad que la protagonista emprende, Teresa Viejo realiza un viaje que supongo intenta explorar la sexualidad en su más amplio sentido y las distintas alternativas por las que pueden optar dos adultos en sus relaciones de pareja. Digo supongo porque no es así como lo he sentido yo durante la lectura ya que mi impresión ha sido la de estar leyendo una apresurada relación de todo tipo de filias y prácticas sexuales en todas sus vertientes, en solitario, en pareja, en grupo… afortunadamente sin profundizar en ninguna de ellas, y un recorrido por los medios y lugares donde conseguir la compañía y culminar cualquier tipo de deseo, así que pasearemos tanto por locales liberales de intercambio de parejas y similares y por conocidos lugares madrileños donde practicar cruising. Es cierto que en general estos no son temas sobre los que me interese leer, pero en esta ocasión se añade la sensación que he tenido de detectar una cierta moralina latente con la que en lugar de limitarse a exponer gustos y deseos sexuales, se juzga lo que dos adultos con plena capacidad de consentimiento y en el ejercicio de su libertad, deciden hacer con su sexualidad.

Los libros se asemejan a veces a los seres vivos ¿verdad? En el sentido que a cada uno pueden producirnos sensaciones muy distintas y éstas, bastante alejadas de las opiniones que he podido leer, son las mías con Animales domésticos. Quizá yo no haya entendido nada de lo que quería contarme Teresa Viejo, puede ser, pero para mi gusto la novela toma unos derroteros inexplicables que no me han convencido.

Ficha técnica


5 de diciembre de 2017

Todo es posible - Elizabeth Strout


Descubrí a Elizabeth Strout con Me llamo Lucy Barton, una novela intensa y llena de sensibilidad que dentro de su sencillez escondía mucho más de lo que aparentaba así que cuando por sorpresa llegó su nueva publicación a mis manos estaba deseosa de reencontrarme con su prosa. Hoy os hablo de Todo es posible.

Sinopsis 


Una famosa escritora vuelve al Medio Oeste americano, a la ciudad de su infancia, y desencadena una serie de historias narradas por aquellos que la conocieron: recuerdos de soledad y condescendencia, sutiles y poderosos sentimientos; y el siempre creciente abismo entre el desear y el tener.

Mi opinión


Todo es posible, casi más una colección de relatos que una novela en sí misma, retoma el personaje de Lucy Barton aunque en esta ocasión la narración no se centra en ella, sino en distintos personajes en los que de un modo u otro ella ha influido ahora que es la imagen del éxito, una imagen diametralmente opuesta a la de aquella niña y joven a la que conocieron en Amgash, en lo más profundo del Medio Oeste americano. De este modo nos adentraremos en la vida y emociones de muchos de los personajes que a través de los recuerdos de madre e hija tuvieron una presencia fugaz en la anterior novela.

Con todos ellos la autora, además de completar la biografía de Lucy Barton revelando muchos aspectos que quedaron meramente esbozados entonces y ofreciendo los detalles de las razones que la impulsaron a abandonar su ciudad natal, realiza una disección de la condición humana a través de una vida rural, casi extrema en ocasiones y muy alejada de cualquier imagen bucólica, para mostrarnos una cotidianidad cargada de secretos. Y vuelve a hacerlo con la sensibilidad que ya conocí en Me llamo Lucy Barton y con esa capacidad que tiene para meter de lleno al lector el libro y hacerle empatizar con los sentimientos de sus personajes que se nos muestran desnudos de aritificio, con todas sus debilidades sin tapujos.

La contención y la austeridad son las claves en el estilo de Elizabet Strout cuya prosa rebosa una sencillez poblada de matices cuando nos muestra las luces y las sombras de los personajes, cuando retrata una comunidad casi endogámica y cuando construye ambientes asfixiantes a los que consigue trasladar al lector para tratar temas atemporales y universales como lo son la religión, las relaciones familiares, el amor y el sexo.

Todo es posible no es la continuación de Me llamo Lucy Barton aunque pudiera parecerlo por lo que podréis disfrutarlo tanto los que ya conocéis la novela como los que no.


Ficha técnica





4 de diciembre de 2017

Esta semana leo... #219

Poco nuevo os cuento este primer lunes de diciembre con respecto al pasado porque mis ambiciosos planes de entonces se quedaron en eso, en planes, porque de lo que tenía previsto solo leí Todo es posible de Elizabeth Strout y quedaron pendientes La caricia de la bestia de Cristina C. Pombo, que es mi actual lectura, y En el corazón de París de Virginia Gil Rodríguez, que ni siquiera he empezado.

Y no me engaño, esta vez no, y os anticipo que probablemente el próximo lunes os cuente más o menos lo mismo porque esta semana se presenta con muchos planes de ocio en este macropuente en el que, aunque no salgo de Madrid, voy a disfrutar de tener a mi familia de visita.

Y vosotros ¿qué leéis?