A
pesar de las muchas lecturas que han pasado por mis manos durante los largos
años que llevo leyendo, toda la vida en realidad porque no recuerdo ningún
momento en el que no me acompañara un libro, supongo que es inevitable cuando
se ha nacido en la casa de un empedernido lector, hay grandes autores y autoras
de nuestra literatura que continúo teniendo pendientes y que me he propuesto,
poco a poco, ir conociendo. Este es el caso de la autora, perteneciente a la
Generación del 27, y la novela de la que os hablo hoy, Barrio de Maravillas de
Rosa Chacel.
Sinopsis
Al
principio vemos a una niña sentada en una silla, quitando hilos de un paño de
lino. La luz de la tarde ilumina su rostro concentrado en una labor primorosa; es
como si Isabel tuviera que demostrar a cada rato que merece un lugar en aquel
piso donde vive su amiga Elena, la chiquilla que lo sabe todo y todo lo
organiza a su gusto porque la casa entera y la familia están a sus pies. Luego,
cuando se haga de noche, Isabel subirá al desván, donde vive con su madre, pues
de su padre sabemos lo justo como para no hacer más preguntas.
El
futuro pide paso y pronto habrá que ir a la farmacia para comprar litines y
charlar con Luisito, el hijo del farmacéutico, que toca las trenzas rubias de
Isabel como si en ese gesto se le fuera la vida, mientras en el caserón sigue
el trasiego de vecinas y la calle se abre con nuevas propuestas. El barrio
entero se convierte en un personaje más de este espléndido retablo de Madrid a
principios del siglo XX, un lugar y un momento que Rosa Chacel ilumina con su
talento para recrear su propia infancia desde las emociones en estado puro.
Barrio
de Maravillas, que se nutre de la vida de la autora pero es a la vez una
espléndida novela, nos muestra un «yo» recordado y narrado con todas las armas
de la buena literatura: las balas llegan lejos y pueden servir de guía para las
nuevas generaciones.
«En
Barrio de Maravillas pienso hacer mi caricatura despiadada, como solo Cervantes
la hizo.» Rosa Chacel
Mi opinión
Barrio
de Maravillas es una novela de marcado
carácter introspectivo en la que Rosa Chacel recrea su infancia, cuando
procedente de su Valladolid natal se instaló en Madrid, en la esquina de la
calle San Vicente con San Andrés, donde a día de hoy se luce una placa
conmemorativa. En pleno Barrio de Maravillas, más conocido hoy por Malasaña, y
con un siglo XX recién estrenado conoceremos a Elena e Isabel, dos
adolescentes, vecinas y aún así de clases sociales y educación muy distintas
con las que recorreremos no solo las calles de aquel Madrid, trasladándonos a
la vida diaria de un barrio con solera, sino que a través de sus ojos y sus
palabras disfrutaremos de un retrato
social de la época y conoceremos las costumbres y las ideas de aquel
entonces ya que la autora no se limita a un dibujo costumbrista y nos ofrece
también todo un marco político y social.
Con
un estilo intimista especialmente
relevante cuando la autora hace uso del monólogo interno para narrar y un lenguaje de exquisita riqueza, Rosa
Chacel construye una novela cuya lectura no es sencilla y requiere cierto
esfuerzo por parte del lector tanto para seguir los pensamientos a menudo
confusos de las protagonistas, como para adaptarse a la narración en ocasiones
atropellada con la que la autora nos narra el camino hacia la madurez, el
despertar a la vida y sus misterios. Su prosa puede resultar un tanto árida y
retórica, complicando una lectura que
continuamente se ve salpicada por múltiples reflexiones y por saltos temporales
que pueden resultar un tanto confusos.
Destaca
la magnífica ambientación en la vida de barrio y en la época que se retrata a
través de ricas descripciones en las que
la luz juega un papel fundamental. No desaprovecha Rosa Chacel la
oportunidad de un doble juego con el título de la novela y así, nos desgrana
las maravillas que no son solo el nombre de un barrio, sino que la autora juega
con el término para mostrar en sus páginas las maravillas de la infancia de
unas protagonistas que van descubriendo la vida a cada paso en esta novela de
iniciación. Las maravillas que las
asaltan en este tránsito entre la niñez y la adolescencia.
No
sé si Barrio de Maravillas es un libro que pueda recomendar a cualquier lector
alegremente, probablemente no, ni siquiera al lector habitual de este tipo de
novelas ya que requiere del momento y la disposición adecuadas, pero no tengo
ninguna duda de que quien se adentre en
sus páginas quedará atrapado por ellas tal y como he quedado yo. Se trata,
además, de la primera novela de una trilogía en la que siguen Acrópolis y
Ciencias naturales, dos novelas que a buen seguro leeré.
















