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2 de septiembre de 2016

Todo lo que vino después - Gabriel Urza


Me gustó el título de esta novela, ya sabéis que para estas cosas a veces soy muy superficial y aunque su sinopsis no me entusiasmó porque que el tema del terrorismo de ETA no me atrae especialmente en una novela, el hecho de que se la catalogara como novela negra y que se indicara que está basada en hechos reales, terminó de animarme y no sabéis cómo me alegro de que así fuera porque este libro esconde muchísimo más de lo que aparenta. Hoy os hablo de “Todo lo que vino después”.

Sinopsis


Corre el año 2004 en Muriga, un tranquilo pueblo del País Vasco con más secretos que habitantes. Han pasado cinco años desde el secuestro y asesinato de un joven político local, padre de familia, y la vida en Muriga casi ha vuelto a la normalidad. Sin embargo, tras los atentados de Atocha en Madrid, el pueblo se enfrenta a su propio pasado turbulento: todo el mundo sabe quién apretó el gatillo en aquella ocasión, pero ¿es el joven que está ahora entre rejas el único culpable?

Todo lo que vino después va desvelando capa tras capa de un crimen en el que han intervenido la historia, el amor y la traición. La narración de tres habitantes del pueblo –la hermosa viuda del concejal asesinado, el adolescente radical ahora encarcelado por el crimen y un anciano profesor americano que esconde su propio pasado traumático– explora las claves de lo que realmente sucedió. Y para ellos ha llegado por fin el momento de enfrentarse a lo que puedan averiguar de la verdad.

Inspirado en una historia real, Todo lo que vino después es una novela profunda y polifacética sobre una clase de violencia que puede surgir cuando menos se espera. Intenso, elegante y evocador, el debut literario de Urza refleja el mundo en que vivimos y marca la llegada de un nuevo y brillante escritor.

El autor 


Gabriel Urza obtuvo un máster en Bellas Artes por la Universidad de Ohio. Su familia procede del País Vasco, donde él ha vivido varios años. Ha recibido una beca del Instituto de Estudios Internacionales Kellogg, y sus relatos y ensayos han aparecido en River Teeth, Hobart, Erlea, The Kenyon Review, West Branch, Slate y otras publicaciones. Obtuvo también el título de Derecho por la Universidad Notre Dame y ha trabajado varios años como abogado de oficio en Reno, Nevada.

Mi opinión


Los atentados del 11 de marzo de 2004 son el punto de partida de “Todo lo que vino después”. Las primeras noticias apuntaron a la autoría de ETA y esto hace que en Muriga, un pequeño pueblo ficticio del País Vasco, se abran las heridas al volver la vista atrás y recordar el secuestro y posterior asesinato de José Antonio Torres, un joven concejal del PP que residía en el pueblo junto a su mujer, Mariana, natural de allí, y su hija pequeña.

Tres son los grandes protagonistas y a ellos corresponden las tres voces narrativas de esta novela coral que nos llevará por los entresijos del problema político y terrorista que ha existido en el País Vasco. Mariana, una víctima como tantas otras, viuda del concejal asesinado. Iker, el joven que hoy cumple condena por aquel crimen cometido cuando era un adolescente radical. Y Joni, un viejo profesor americano que desde los años 50 dio clases de inglés en un colegio privado de Muriga, el colegio al que asistía Iker. La elección de estos tres narradores, todos ellos en primera persona, puede darnos ya una idea de lo que vamos a encontrar en “Todo lo que vino después” y es que no es una novela negra con un asesinato que hay que investigar para descubrir al culpable. En esta novela desde el principio eso lo sabemos y realmente estamos ante un thriller político en el que lo importante es el cómo se llegó a esa situación, e incluso cómo se ven a ellos mismos esos tres protagonistas que irán alternando sus voces ofreciendo al lector tres puntos de vista muy distintos.

Gabriel Urza
Narrar una historia en primera persona siempre es arriesgado ya que si el lector no consigue entender al protagonista toda la historia puede irse al traste, no se trata de simpatizar con él, pero sí de ser capaz de comprender sus motivaciones y sus actos. Y Gabriel Urza esto lo consigue creando tres personajes profundamente humanos, llenos de matices, de sombras y de luces, y no cayendo en lo fácil, es decir, no haciendo una novela de buenos y malos. De este modo, a través de los numerosos diálogos internos de los protagonistas y con una narración con continuos saltos en el tiempo, el autor nos adentra en su pasado y en su presente y en mi caso sufrí una curiosa transición. Y es que ante mi propio estupor vi cómo durante la lectura pasé de estar preguntándome por qué un adolescente de una familia digamos normal y en cierto modo acomodada, alumno de lo que parece ser un elitista colegio privado, un buen estudiante en general que incluso empieza ya a pensar en la universidad, se ve inmerso en unas ideas que al principio no parecen ser las suyas y termina participando en unos actos de kale borroka que terminarán yendo mucho más allá. Y ese estupor mío del que os hablaba viene cuando empiezo casi a entender a Iker, cuando empatizo con él, cuando Iker se convierte ante mis ojos en una víctima más de la violencia.

Os hablaba de los diálogos internos de los tres protagonistas y quiero destacar que es justamente lo que más me ha sorprendido en esta lectura porque a través de estos diálogos cargados de dolor, de culpabilidad y de preguntas, la novela gira hacia un tono intimista que invita al lector a reflexionar sobre todo lo que Mariana, Iker y Joni nos exponen. El autor, con gran acierto, expone todos los puntos de vista, el de la víctima, el del ejecutor e incluso el del extranjero que lleva años viviendo allí, que entiende muchas cosas y que llega a sentirse a veces uno más, pero que aún así y a pesar de las décadas transcurridas, no deja de ser un extranjero. Con todas estas perspectivas, Gabriel Urza no toma partido por nada ni por nadie, expone hechos, sentimientos y emociones ante un lector que sin remedio se ve abocado a reflexiones que no siempre son fáciles. 

La prosa de Gabriel Urza es sencilla y a la vez muy cuidada. Su estilo en todo momento huye de cualquier dramatismo. Con pulso firme mantiene el ritmo y la tensión narrativa y va proporcionando poco a poco la información que el lector demanda mientras se ve envuelto en el ambiente que el autor dibuja con gran acierto. No importa que Muriga sea un pueblo ficticio, las descripciones son tan precisas que rápidamente nos trasladaremos hasta allí consiguiendo el autor una magnífica ambientación que va más allá de los paisajes y los espacios porque en “Todo lo que vino después” podremos respirarlo todo: el clima, el idioma, las costumbres, la cultura de un pueblo y sus habitantes y, por supuesto, el contexto político y social.

En definitiva, “Todo lo que vino después” es un thriller político con un marcado carácter intimista y reflexivo. Una novela ambiciosa que toca un tema muy delicado y lo hace con acierto, con muchísimo tacto y con gran sensibilidad. Una novela que no dudo en recomendaros.

Ficha técnica

25 de mayo de 2016

Las deudas del cuerpo - Elena Ferrante


"La amiga estupenda" y "Un mal nombre" han sido dos de mis mejores lecturas desde que comenzó este año. Elena Ferrante me cautivó con la historia de estas dos amigas desde las primeras páginas de la primera novela y cada libro que termino, aunque me empuja rápidamente a leer el siguiente, también me acerca tristemente al final de una saga inolvidable. Hoy os hablo de la tercera entrega de tetralogía Dos amigas, "Las deudas del cuerpo".

Sinopsis


Érase una vez dos niñas, Elena y Lila, que nacieron en 1944 en un barrio pobre de la ciudad de Nápoles, y desde entonces su historia ha sido el hilo conductor de esta espléndida saga napolitana que ahora llega a su tercera entrega.
Lila se casó muy joven con el hombre más adinerado del barrio y poco tardó en dejarlo. Ahora vive en un lugar miserable, pero su ingenio no ha mermado; solo se ha transformado en rabia. Es quizá este odio lo que la llevará a capitanear las revueltas en la fábrica y a negarse a una convivencia pacífica y modesta con su nuevo compañero.
Elena, en cambio, ha continuado con los estudios e incluso ha escrito una novela. Ahora vive entre Nápoles y Pisa, y se ha casado con un profesor de la Universidad de Florencia.
Así, a primera vista, nada une ya a las dos amigas, pero el barrio de Nápoles donde fueron niñas aún las reclama, las viejas costumbres las devuelven a un tiempo que ya se fue, y la vida se cobra su precio.

La autora


Nadie sabe quién es Elena Ferrante, y sus editores de origen procuran mantener un silencio absoluto sobre su identidad. Alguien ha llegado a sospechar que sea un hombre; otros dicen que nació en Nápoles para trasladarse luego a Grecia y finalmente a Turín.
La mayoría de críticos la saludan como la nueva Elsa Morante, una voz extraordinaria que ha dado un vuelco a la narrativa de los últimos años. El éxito de crítica y de público se refleja en artículos publicados por periódicos y revistas tan notables como The New York Times y Paris Review.
«No me arrepiento de mi anonimato. Descubrir la personalidad de quien escribe a través de las historias que propone, de sus personajes, de los objetos y paisajes que describe, del tono de su escritura, no es ni más ni menos que un buen modo de leer.» Elena Ferrante en una entrevista vía mail de Paolo di Stefano para Il Corriere della Sera.

Mi opinión


Lenù y Lila ya no son las dos niñas que conocimos, ni siquiera aquellas dos adolescentes que jugaban a ser mujeres. Hoy siguen siendo jóvenes, pero han alcanzado ya una madurez en la que la relación amor-odio que las une desde pequeñas se mantiene constante, como constante se mantiene el interés de esta lectora atrapada por la prosa de una autora que entre otras muchas cosas plasma como nadie la complejidad que suele existir en las relaciones entre mujeres haciendo gala de un profundo conocimiento de la psicología femenina. 

En esta entrega nos encontramos de nuevo con la voz narrativa que comenzó con "La amiga estupenda" cuando Lila desapareció. Ese es el punto de partida en el que Lenù echa la vista atrás y mirando tanto dentro de ella misma como hacia el exterior comienza a contarnos su relación en particular y la vida en general de un barrio de Nápoles desde que las dos eran unas niñas. En esta tercera novela ya son adultas y sus problemas son muy distintos a los que fueron o quizá no tanto porque ambas siguen manteniendo intactos los temores y complejos que las acompañan desde el primer libro. Aún así sus intereses, como no podía ser de otra forma, van variando, y la política, el trabajo, los hijos... comienzan a ocupar un lugar que antes no tenían. La narración mantiene el tono reflexivo que se inició en la primera novela ya que Lenù no se limita solo a contarnos qué ocurrió, sino que aprovecha para analizar su vida y sincerarse consigo misma, sin tapujos, por lo que a menudo la prosa de Elena Ferrante se torna tan descarnada como intimista. 

"Las deudas del cuerpo" es sin duda la entrega con más contenido político de todas las leídas hasta ahora. La lucha de clases ha sido desde la primera novela un tema siempre presente, pero es en ésta en la que cobra, si no mayor fuerza, sí al menos se aborda de una forma más directa. En esta novela la actividad comunista, personificada en un principio en la persona de Pasquale, cobra una gran relevancia. La autora nos muestra con realismo una época en la que los Brigadas Rojas italianos comenzaron su actividad frente a una represión fascista y nos muestra también cómo la violencia era usada por parte de ambos bandos. Elena Ferrante pone de relieve lo fácil que puede ser para un grupo de universitarios, que se creen muy revolucionarios, hablar de una lucha de clases que realmente desconocen. De nuevo en este aspecto las dos amigas se encontrarán en momentos y circunstancias muy distintas, porque es Lila la que trabaja en una fábrica de embutidos en pésimas condiciones y la que sufre las consecuencias de todo lo que esos universitarios acomodados, entre los que Lenù se hace un hueco, denuncian con poco más que palabras. 

Pero "Las deudas del cuerpo" también nos habla de soledad, de amor y de desamor, de sexualidad femenina, de tabúes y de sueños que se cumplen para darnos cuenta demasiado tarde de que nos equivocamos de sueño. Lenù ha cumplido muchos de los que creyó tener desde niña, es escritora, ha salido del barrio en el que nació y se crió, vive en Florencia y se ha casado con un profesor universitario y aun así no deja de preguntarse si realmente ha dejado atrás Nápoles, el barrio y sus gentes o quizá vayan con ella se encuentre donde se encuentre. No deja de sentirse una impostora en una clase que no le corresponde y para colmo de males ni el matrimonio ni la maternidad están resultando ser lo que ella esperaba. De nuevo Elena Ferrante aborda un tema que, aunque afortunadamente algo hemos avanzado, sigue siendo de actualidad: la conciliación de la vida familiar y profesional y aprovecha para desmitificar la maternidad, más aún cuando ésta llega en un momento no deseado y lo hace tanto desde la perspectiva de Lila, una madre que debe cuidar sola a su hijo, como desde el punto de vista de Lenù, una mujer casada con muchísimos proyectos profesionales que se ven truncados por la llegada de los hijos y por un marido que, fiel a la mentalidad de la época, considera que los hijos son de las madres y que son ellas las que deben sacrificar sus intereses profesionales.

Si algo caracteriza a estas novelas es la evolución constante que sufren sus protagonistas. A todos los conocemos desde hace años, algunos, la mayoría de ellos, desde que tan solo eran unos niños, hemos crecido con ellos y les hemos acompañado en sus buenas y malas decisiones, hemos gozado o sufrido las consecuencias que se han derivado de ellas, hemos amado y hemos odiado. Y todo ello lo hemos hecho de primera mano porque no hay personaje, principal o secundario, que no cobre vida a través de la pluma de Elena Ferrante. Sus personajes nacen y crecen de verdad, como lo harían en la vida misma, y así es como consigue la autora que el lector se implique en la narración y viva esa constante de los caminos de Lenù y Lila que se cruzan una y otra vez para volver a separarse. Cuando la primera brilla, la segunda se apaga y viceversa, es como si sus vidas, a pesar de la amistad, fueran tan contrapuestas, que lo son, que ni siquiera en las épocas de dicha y felicidad pudieran coincidir.

"Las deudas del cuerpo" vuelve a narrarnos una amistad, sí, pero es mucho más que todo eso porque a través de esa amistad Elena Ferrante nos narra la vida en general, con sus problemas, sus dramas, y sus pequeñas y grandes alegrías; y nos narra la vida en particular en un barrio obrero de una ciudad como Nápoles, trazando un fresco social con el que atrapa al lector irremediablemente para llevarnos de la mano a una época de profundas transformaciones sociales, una época convulsa y revolucionaria donde la mujer no solo se ve inmersa en la lucha de clases, sino que lucha también por cambiar el papel exclusivo de madre que una sociedad de hombres le ha asignado para reivindicar su papel como mujer y alzarse como ser individual.
  
En definitiva, Elena Ferrante ha vuelto a cautivarme con "Las deudas del cuerpo" y con su magnífica forma de combinar la historia a lo grande con las pequeñas historias individuales. Ha vuelto a turbarme con una novela intensa que pone al descubierto la violencia que late en la pobreza de un barrio y de unas gentes que no conocen más armas con las que luchar contra su miseria. Y ha vuelto a dejarme con unas ganas enormes de embarcarme en la última entrega de una saga que demuestra que entretenimiento y calidad narrativa pueden convivir en perfecta armonía.

Ficha técnica

30 de octubre de 2015

El chino - Henning Mankell


No había leído nunca a Mankell. Ahorraos los aspavientos, no tengo más excusa que la vida, como siempre os digo, no me da para más. Era uno de esos autores que siempre iba aplazando y con el que por fin me animé cuando Somos Alianza propuso la lectura de una novela fuera de la serie de su conocida saga del inspector Wallander. Hoy os hablo de “El chino”.


SINOPSIS

Una helada mañana de enero de 2006, un fotógrafo hace un descubrimiento aterrador: en el pueblecito sueco de Hesjövallen aparecen brutalmente asesinadas diecinueve personas. La policía sospecha que es obra de un perturbado; pero la jueza Birgitta Roslin, que se interesa por el caso en cuanto sabe que entre las víctimas figura la familia adoptiva de su madre, sostiene otra teoría. Una cinta de seda roja encontrada en la nieve le pone en la pista de un sospechoso llegado de fuera, y de una inquietante trama oculta que parece arrancar en Pekín. Birgitta ignora que todo se remonta a una vieja historia del año 1860, cuando miles de chinos fueron llevados a Estados Unidos a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en la costa oeste. Las consecuencias de esa dramática odisea, encarnada en los descendientes de los hermanos Wu, San y Gou Si, llegan hasta la conflictiva pero poderosa China del siglo XXI, donde cruentas luchas de poder en el seno del Partido Comunista Chino están decidiendo el futuro del país a las puertas de los Juegos Olímpicos. Pero su persecución del asesino, en solitario y al margen de la policía, se interrumpe en cuanto Birgitta siente en la nuca el aliento frío de quienes quieren acabar con su vida.


EL AUTOR

Henning Mankell (Estocolmo, 1948 – Gotemburgo, 2015) es conocido en todo el mundo por su serie de novelas policiacas protagonizadas por Kurt Wallander, traducidas a treinta y siete idiomas, aclamadas por el público, merecedoras de numerosos galardones (como, entre nosotros, el II Premio Pepe Carvalho) y adaptadas al cine y la televisión (entre otros, por el actor Kenneth Branagh). Tusquets Editores ha publicado la serie completa, junto a otras doce obras, entre ellas el thriller titulado El chino. Con Huesos en el jardín se cierran los casos protagonizados por Wallander o relacionados con él: Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente, La falsa pista, La quinta mujer, Pisando los talones, Cortafuegos, Antes de que hiele (protagonizado por Linda Wallander), Huesos en el jardín y El hombre inquieto, además del volumen de relatos La pirámide, que recoge las investigaciones del joven Wallander, previas a la serie completa. Con ocasión de la publicación de esta obra, Henning Mankell ha escrito un posfacio en el que narra su relación con el aclamado detective a lo largo de los años.


MI OPINIÓN

La sinopsis que ofrece la editorial es lo suficientemente amplia, incluso demasiado, como para que yo os cuente algo más sobre su argumento. Incluso al futuro lector de la novela le diría que se ahorrara leer la sinopsis, en primer lugar porque contiene información que es mejor descubrir durante la lectura y, en segundo lugar, porque creerá que va a leer una novela negra pura que finalmente no encontrará, o al menos yo no he encontrado porque “El chino” no es solo una novela negra. Si bien los diecinueve cadáveres hallados en un pequeño y tranquilo pueblo de Suecia son el hilo conductor de la trama, ésta deriva rápidamente con una importante carga histórica, por un lado, y político-social por otro. Histórica cuando Mankell nos narra cómo miles de chinos fueron prácticamente secuestrados y enviados a Estados Unidos en el siglo XIX para trabajar en la construcción del ferrocarril. Y político-social cuando, volviendo a la actualidad y trasladando al lector a China, nos muestra algunas claves de la sociedad de ese país, retrotrayéndose al mismo tiempo a la época de Mao.

A estas alturas, y tras mis múltiples comentarios en Twitter durante la lectura simultánea, no voy a negar que “El chino” no me ha gustado nada. No me cabe duda del valor que tiene la novela, muy especialmente en cuanto a la documentación e investigación que el autor debió llevar a cabo para confeccionar esta novela, pero a mí me ha resultado lenta, muy densa, complicada y tremendamente aburrida. Su comienzo es muy atractivo, pero los asesinatos terminan siendo una mera excusa para hablar de temas que a mí no me interesan en absoluto. Temas que si se hubieran tocado de forma tangencial en relación a la supuesta trama principal, los asesinatos, no me habría importado, es obvio que no todo nos puede interesar en una novela y en muchas ocasiones se habla de cosas que nos sobran, pero que sirven como complemento y los aceptamos. Este no es el caso de “El chino” puesto que esos otros aspectos de la novela son los que realmente priman en ella.

Al margen de mi falta de interés en la sociedad china, en el nacimiento del comunismo en el país, en la construcción del ferrocarril… tampoco me ha parecido que el autor consiguiera una coherencia al ensamblar elementos tan dispares de forma que el resultado final no me ha resultado verosímil y el desenlace y resolución de los asesinatos me reafirman en mi idea de que Mankell, en esta ocasión, no tenía interés alguno en hacer una novela negra, sino que sus intereses iban por otro lado bien distinto y muy diferentes a los míos, pero que muy bien pueden ser los de otro lector por lo que os recomiendo que antes de descartar la lectura de esta novela miréis otras opiniones.