Hay libros a los que la única objeción que se les puede poner es
que se acaban demasiado pronto. Breve e intenso, mis intentos por controlar mis
ansias lectoras para que la lectura durara un poco más de nada sirvieron y en
veinticuatro horas caí rendida y vencida por una historia y una prosa hechas
para conquistar. Hoy os hablo de "El carbonero".
Sinopsis
En un pequeño y tranquilo pueblo de la Mallorca rural, Marc y su padre pasan meses con la única compañía del otro. Rodeados por el silencio y la belleza de la montaña, viven atentos al proceso de la quema de las encinas, sacrificando el sueño en una especie de vigilia sin fin. Pero ese remanso de paz queda truncado el día que la muerte irrumpe en sus vidas, arrebatándoles brutalmente a uno la madre y al otro la mujer. Con una voz serena, por contraste con las angustias que explica, Soto Femenía sostiene un relato crudo y violento. Su protagonista tendrá que afrontar el dolor por la muerte demasiado temprana, y, después, la sed de venganza al madurar y tomar conciencia de que la tragedia y la injusticia vital se sirven de todos nosotros sin preguntar.
El autor
Carlos Soto Femenía
nace en Palma de Mallorca el 10 de diciembre de 1966. A corta edad se traslada
a Madrid, donde permanece hasta cursar estudios universitarios. De regreso a
Mallorca ejerce su actividad laboral en diversos flancos del sector de la
Informática. Ha publicado algunos relatos premiados en los certámenes Silverio
Lanza de Getafe (Madrid).
Es autor de las
novelas La unción (premio Alfonso VIII, editorial EDAF, 2004) y Enemigo
innúmero (Playa de Ákaba, 2013).
Mi opinión
La novela se
desarrolla en Caimari, un pequeño pueblo mallorquín, en el que la solitaria y
distante Joana Grimalt es dueña y señora de tierras y personas. Allí
conoceremos a Marc, quien siendo un niño vio cómo su vida quedaba marcada para
siempre por el asesinato de su madre. De aquel suceso han transcurrido siete
años y desde entonces Marc acompaña a su padre en su oficio de carbonero. La
montaña, las encinas y el silencio de su padre, en el que se encerró tras el
asesinato de su esposa, son su única compañía, rota de vez en cuando por las visitas
de Aina y Arnau, los hijos de su único vecino, el buhonero.
Así comienza “El
carbonero”, una novela en la que los
silencios y lo que no se dice pesan tanto o más que lo que se nos cuenta.
Si algo me ha cautivado de esta novela es la
voz narrativa tan serena de Marc, quien a pesar de ser un protagonista
lleno de furia, rencor y sed de venganza, consigue
que las emociones y sentimientos traspasen las páginas y calen hondo en el
lector sin necesidad de estridencia alguna. De igual modo ese mismo
narrador protagonista conquista al lector a pesar de lo oscuro de sus anhelos,
a pesar de un sentido de la justicia que no podremos compartir, pero que
aceptaremos.
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| Carlos Soto Femenía |
“El carbonero” es un drama rural cargado de furia en el
que también hay lugar para la esperanza de quien busca y merece un futuro mejor
porque Marc, ese personaje
lleno de aristas, inquietante y oscuro, tiene su contrapunto en Aina, una joven
de buen corazón que parece irradiar luz con su sola presencia. Dos personajes antagónicos
y complementarios. Junto a ellos la presencia silenciosa del padre Marc se
perfila como un pilar fundamental de la novela a pesar de su mutismo y aparente
falta de pulso vital, lo cual no le impide cumplir debidamente con sus
obligaciones como carbonero. Pero si hay otro personaje que junto a Marc me ha
conquistado, en este caso por lo despreciable, es el del buhonero, al que el
autor dibuja con precisión para presentarnos a un hombre sin escrúpulos
dispuesto a cualquier cosa por dinero. No puedo dejar de nombrar tampoco a Joana,
la señora de las tierras en las que se desarrolla “El carbonero”, porque con
ella nos muestra también el autor a un personaje poliédrico que despertará
distintos y variados sentimientos en el lector.
Con un estilo sobrio y preciso y una prosa cruda y potente, Carlos Soto desgrana emociones y sentimientos con una voz narrativa desapasionada que salpica de reflexiones una novela inquietante que atrapa al lector con su crudeza, que lo conquista desde la primera página con su realismo sin necesidad ni de acción vertiginosa ni nada similar. Con un ritmo pausado, pero sin tregua, el autor no solo nos mete de lleno en la profunda soledad de sus protagonistas, en su dolor, sino que de la misma forma precisa y sin abusar de detalladas descripciones, nos traslada hasta el paisaje que los rodea, ese encinar que padre e hijo vigilan día y noche, alternando el sueño con una vigilia que parece no tener fin mientras asistimos a la quema de la sitja a la espera del carbón definitivo.











