En demasiadas
ocasiones se nos quedan libros atrás. Publicaciones que nos apetecen muchísimo
de pronto se ven desplazadas bien por las novedades apetecibles, bien
simplemente por el puro olvido. Algo así me ocurrió con esta novela y ahora
solo puedo decir que fue una pena no haberla leído antes, pero como más vale
tarde que nunca hoy os hablo de Muertes pequeñas.
Mi opinión
En el verano de
1965 el neoyorquino barrio de Queens se ve sacudido por la tragedia. Dos niños
pequeños han desaparecido de su propia casa durante la noche mientras su madre,
Ruth Malone, dormía. La policía iniciará una investigación mientras que, de
forma paralela, Pete Wonicke, un joven periodista, lleva a cabo la suya,
llegando incluso a obsesionarse con el tema y es que la actitud de Ruth y su forma
de vida parecen muy alejadas de las que se considerarían normales en cualquier
madre afligida.
Los juicios
paralelos de la prensa y de la opinión pública no son desde luego un invento de
estos últimos años y Emma Flint, basándose en un hecho real acontecido en los
años sesenta, construye esta novela en la que pone de relieve la presión a la
que se puede someter a una persona a la
que se tacha de culpable solo porque su vida no se rige por las normas comúnmente
aceptadas. En Muertes pequeñas, el hecho de que Ruth sea una madre
divorciada que vive sin prejuicios su libertad sexual, que sale por la noche,
que bebe alcohol… son motivos suficientes para determinar que no sufre por la
pérdida de sus hijos y, por lo tanto, no puede ser otra cosa más que culpable.
Solo Pete Wonicke se permite poner en duda lo que todos piensan, debatiéndose
entre la inocencia o la culpabilidad de una mujer con la que probablemente no
seamos capaces de compartir actitud, pero que merece como mínimo no ser juzgada
por su forma de enfrentar la vida. Una novela también feminista porque al menos
yo, durante toda la lectura, no he dejado de preguntarme ¿y si fuera el padre
quien viviera así? ¿Se le juzgaría igual?
Partiendo de la
realidad y derivando hacia la ficción Emma Flint construye una novela sólida y muy bien escrita que se aleja en todo momento del
dramatismo en el que fácilmente se hubiera podido caer hablando de la
desaparición de dos niños, no es ese el objetivo de esta novela. Será un
narrador omnisciente en tercera persona el encargado de conducirnos por esta
historia que es eminentemente descriptiva tanto de emociones y vivencias, como
de escenarios, creando una atmósfera que rápidamente nos envuelve haciéndonos
sentir parte de la trama y desgranando unos personajes complejos que se van mostrando poco a poco con sus luces
y sus sombras. Todos en general me han parecido muy bien trazados y reales,
pero es sin duda Ruth Malone quien brilla con luz propia, con un perfil
complejo y lleno de aristas y contradicciones.
En definitiva,
Muertes pequeñas es una magnífica novela
negra con una profunda crítica social sobre los prejuicios y sobre los juicios
paralelos que no dudo en recomendaros.
