No es mi tipo de
novela habitual o eso creía porque, no me preguntéis la razón, estaba
convencida que tendría mucho del género fantástico y, aún así, cuando me
ofrecieron su lectura algo me hizo lanzarme a por ella sin dudarlo ni un
segundo. Un arrebato de esos que cuando me llegó el libro y vi su número de
páginas me arrancó un “ay, ay, ay ¿dónde me he metido?”. Y ay, ay, ay, ¡cómo me
ha gustado este novelón! Hoy os hablo de Madera de savia azul.
Mi opinión
Un terremoto ha
destruido Walaria, la capital del reino de Ariok, un reino inventado que
podríamos situar en cualquier lugar durante la Edad Media. Muchos han muerto,
la ciudad ha sido asolada y Magmalión, el rey, decide emprender junto a sus
súbditos un largo viaje para construir una nueva capital en parajes lejanos, la
tierra de los Grandes Lagos. Durante el camino Bertrand de Lis, maestro
carpintero que ha visto morir a su amada esposa, pierde a su hijo de cuatro
años, Erik, y encontrarlo se convertirá en el objetivo primordial de su vida.
Madera de savia
azul es la narración de una vieja aya a la joven princesa Ishalmha, a la que
cuida desde que era una niña. Dividida en cinco grandes partes, además de un
prólogo y un epílogo, y salvo la introducción del aya en cada parte que se
realiza en primera persona, será un narrador omnisciente el encargado de trasladarnos
hasta un reino legendario para vivir el
éxodo de un pueblo y la búsqueda desesperada de un padre. Estos serán los dos grandes hilos
argumentales por los que iremos saltando con una agilidad sorprendente y con la
novela pegada a las manos de tal modo que es imposible dejar de leer y es que Madera de savia azul es una de esas
historias que te atrapan desde su inicio para no abandonarte hasta que, con
gran pena, tienes que despedirte de sus personajes, esos a las que o bien
adoras o bien odias, pero desde luego ninguno de ellos deja indiferente al
lector, sino que nos hacen vivir y sentir cada una de las penas y alegrías que
la vida les depara y nos hacen ponernos en su lugar cuando tienen que tomar
decisiones que no son fáciles, convirtiéndose en ocasiones en esos héroes
anónimos a los que a menudo olvidamos (¡Ay, Astrid cuánto me has hecho dudar y
cómo he conseguido entenderte al final).
A través de esos
dos hilos argumentales José Luis Gil Soto teje diversas historias para
hablarnos de un tema atemporal: las
grandes pasiones que nos mueven cada día, el amor, el odio, el poder, la
ambición… convirtiendo Madera de savia azul en una lectura intensa llena de emociones que alcanza su punto álgido
con un desenlace que, si bien no es el que yo hubiera deseado, me emocionó
profundamente hasta las lágrimas. Tengo grabada la pregunta que alguien, tranquilos
no voy a hacer ningún spoiler, hace justo antes de morir y la respuesta que la
persona que más le ha querido le da. Es un momento tan emotivo, que me desbordó de tal modo, hasta las
lágrimas, que es hoy, escribiendo esto, cuando todavía me emociono recordándolo.
Y es que el autor no solo nos ha regalado a los
lectores una fantástica historia, sino que nos lo cuenta poniendo el corazón
porque imagino que solo de ese modo se pueden transmitir tantas emociones en
una novela que difícilmente se puede encuadrar en un solo género ya que son
varios de los que bebe, aunque probablemente la novela épica y el género de
aventuras sean los que más se adapten a ella. De lo que no me cabe ninguna duda
es que es un libro que puede gustar a cualquier tipo de lector.
Hoy sin duda ha
tocado una de esas reseñas para la que me faltan palabras con las que poder
describir cómo ha sido su lectura. José
Luis Gil Soto ha escrito una de esas historias épicas que van más allá de la
lectura porque se viven y se sienten. Con sus personajes he vivido el
horror de ver destruido todo lo que se ha construido en la vida, he emprendido
un largo y duro camino con ellos y he obtenido mi recompensa a tanto
sufrimiento llegando a esa tierra prometida con la que todos soñábamos.
Madera de savia azul es una de esas novelas
llamadas a quedarse para siempre en el corazón del lector así que no lo
dudéis ni un momento y haceos ya con ella, no os arrepentiréis.
