A pesar de ser
el género histórico uno de mis favoritos, hago memoria y no recuerdo cuándo fue
la última vez que mis lecturas me llevaron hasta ninguna que versara, de un
modo u otro, sobre el Nuevo Mundo porque tengo que confesaros que el tema y la
ambientación me dan una pereza tremenda. Pero esta novela venía precedida por
entusiasmo y recomendación y me dije que, de vez en cuando y también en
literatura, hay que salir de nuestra zona de confort y si la aventura me iba a
llevar hasta la primera vuelta al mundo ¿qué mejor momento que este en el que
estamos a punto de celebrar el quinto centenario de la gesta? Hoy os hablo de
Nadie lo sabe.
Mi opinión
Corre el año
1524 y Diego de Soto, tras finalizar sus estudios en la Universidad de Valladolid,
comienza a trabajar para Pedro Mártir de Anglería, cronista real, el cual lo
envía a Sevilla a recabar datos que completen las crónicas de las expediciones
que parten hacia el Nuevo Mundo. Pero sus investigaciones, sin quererlo, conducirán
a Diego por otros derroteros que le llevarán a preguntarse si realmente fue
todo tal y como se ha contado.
Partiendo de
datos históricos y siendo escrupuloso con los hechos, el autor nos ofrece una
alternativa a lo acontecido en la primera vuelta al mundo que culminó Juan
Sebastián Elcano. Nos conduce en esta aventura su protagonista, quien en
primera persona será el encargado de narrarnos sus razones para poner
en tela de juicio la versión oficial del viaje, esa historia que cuentan los
que vuelven. Además, numerosos flashbacks nos llevarán hasta esa expedición
de Magallanes con todos los problemas e intrigas que surgieron incluso antes de
partir.
Con una prosa
directa, certera y amena y un estilo en el que prima el dinamismo sin sacrificar
la elegancia narrativa, Tony Gratacós, sin perder nunca de vista la
verosimilitud, hace convivir en las páginas de Nadie lo sabe personajes
históricos con personajes de ficción en una perfecta armonía que impide al
lector distinguir cuánto de verdad y cuánto de ficción hay en sus páginas,
introduciéndonos de tal forma en la trama que nos plantearemos, al igual que
Diego, qué hay de cierto y qué de falso en las distintas versiones de una misma
historia.
Mención aparte
merece la cuidada ambientación que se respira desde la primera página.
Valladolid y Sevilla son sus escenarios principales y a ellos nos trasladamos durante
la lectura de Nadie lo sabe para introducirnos en sus calles y mezclarnos con
sus gentes, para pasear por sus palacios o arrastrarnos por el primer lodazal
que el autor ponga a nuestros pies y para participar en las intrigas y
asesinatos que estaban a la orden día. Todo ello no puede ser sino fruto de un ingente
trabajo de documentación integrado de forma natural en la narración y es que no
se trata de dar lecciones, sino de entretener al tiempo que se despierta la
curiosidad en el lector por saber más de aquella época y de aquella gesta.
En definitiva, Nadie
lo sabe es una magnífica novela de ficción histórica que se viste de thriller
para introducirnos en una aventura plagada de intriga política. Una novela
que lo tiene todo para conquistar a cualquier lector, incluidos los que como
yo huyen habitualmente tanto del género como de la época. Tony Gratacós con su
primera novela lo ha conseguido demostrando que es un gran narrador con un buen
dominio del pulso narrativo. Habrá que estar atentos y ver con qué nos sorprende
la próxima vez.