Me declaro
muy fan de Franck Thilliez y, a pesar de que sus dos últimas novelas no me
pareció que estuvieran a la altura de sus antecesoras, esperaba como agua de mayo
una nueva publicación suya que, afortunadamente, no se hizo mucho de rogar y
que ya os anticipo he disfrutado muchísimo. Hoy os hablo de Sharko.
Mi opinión
Tras un
prólogo impactante la acción nos sitúa dos años después de los sucesos
ocurridos en Pandemia. Lucie Hennebelle, tras el fallecimiento de un tío
policía ya jubilado y a petición de su viuda, decide echar un vistazo en la
investigación sobre una desaparición que el fallecido estaba llevando por su
cuenta por lo que, saltándose todas las normas, una noche se introduce en la
casa del sospechoso creyendo que está vacía, pero no es así y tras un forcejeo
acaba con la vida de Julien Ramírez. ¿Cómo explicar ahora qué hacía allí? La
única alternativa es manipular la escena del crimen. La investigación recaerá
en su propio equipo y pronto descubrirán que el hombre asesinado es solo la
punta del iceberg de una compleja y sangrienta secta responsable de varios
asesinatos.
Así
comienza una novela en la que el autor nos introduce rápidamente en una trama tan adictiva como sangrienta
en la que vuelve a mostrarnos una base científica sólida explicada de forma que
cualquier lector, sea cual sea su formación, pueda entender sin problemas. Una
base científica que en ningún momento lastra el ritmo lector y es que en Sharko
la tensión está servida desde el inicio
de la lectura y conforme avanzamos no para de crecer hasta vernos envueltos
en una investigación contrarreloj para hallar al culpable de unos crímenes
horrendos, al tiempo que vivimos la angustia de Sharko y Lucie con sus propias
motivaciones personales para que no se descubra lo que con tanto esmero están
intentando ocultar y que, a cada paso, amenaza con saltar por los aires.
Quizá
Sharko no llegué al nivel de El síndrome E, aquella novela cuyo final todavía
recuerdo como el mayor cliffhanger que me he encontrado en literatura, pero sí se aprecia a ese Thilliez oscuro que me
fascina y, aunque Lucie continúe en las tinieblas a las que parece haberla
condenado el autor, esta entrega me ha parecido más cercana a aquellas que tanto
me cautivaron y que me hicieron convertirme en una auténtica adicta a la saga.
A pesar de que el personaje de Lucie continúa un poco apartado, volvemos a
recuperar al Sharko de siempre, más humanizado tras formar una familia, pero
dispuesto a saltarse todas las reglas que hagan falta. Sí debo decir que me ha
extrañado que se relegue en esta ocasión a Nicolas Bellanger, un personaje que
había crecido mucho en entregas anteriores y que, aunque nos depara en Sharko
una investigación paralela memorable, toma unos derroteros que me hacen sospechar
que haya comprado billete para ir a las mismas tinieblas que ocupa Lucie. Pero en
lo que pone todas las ganas Franck Thilliez en esta novela es en perfilar a los
malos, ofreciéndonos unos cuantos personajes
de esos capaces de causar pesadillas al lector más curtido.
Si algo
impregna esta última entrega de la serie es la sangre y todo lo que ella
conlleva, desde sectas y vampirismo hasta todo tipo de leyendas y creencias
sobre su poder. Un recurso probablemente fácil que Franck Thilliez ha sabido
explotar para ofrecernos una novela de
lectura fácil y francamente entretenida, con un ritmo vertiginoso que la
convierte en un auténtico pasapáginas, una novela que no da tregua desde la
primera página con una tensión creciente y un desenlace que, si bien cierra
todos los interrogantes abiertos, a mí me ha parecido un tanto precipitado o
quizá sea que me apetecía seguir leyendo un poquito más.
En definitiva, no puedo más que
recomendar la lectura de Sharko, un
thriller trepidante muy entretenido con el que pasar unas cuantas horas de
tensión y angustia.
Ficha técnica
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