Cuántos
libros se nos van quedando atrás ¿verdad? La falta del tiempo, la incesante
llegada de novedades apetecibles y el olvido en nuestras estanterías nos juegan
a veces una mala pasada y podemos convertir en eternos pendientes verdaderas
joyas. Eso me ocurrió con esta novela que, sin haberla leído, se la presté a mi
padre y le gustó tanto que él se la recomendó a mi madre, y ambos, el pasado
mes de julio, me miraban como si estuviera loca de atar cuando les dije que yo
aún no la había leído. Aún tuve que esperar un poco porque el libro seguía
pasando por las manos de otros familiares hasta que en agosto me planté y antes
de abandonar la playa y volver a Madrid me aseguré de que la novela se venía
conmigo. Hoy os hablo de Yo pude salvar a Lorca.
Mi opinión
Yo
pude salvar a Lorca es la historia de Manuel Bonilla, abuelo del autor, un
pastor alpujarreño dedicado al trabajo duro y a su familia hasta que la guerra
civil irrumpe y se convierte en pasador de personas desde una zona a otra
gracias a su amplio conocimiento de los caminos. Y es también la historia de
Josep Amela, tío del autor, uno de los miembros de la llamada quinta del
biberón que luchó en el bando republicano.
“Yo
pude salvar a Lorca” fue la frase que Manuel Bonilla pronunció un día cuando su
nieto aún era un niño que devoraba tebeos, una frase sobre la que el autor
nunca se atrevió a preguntar y sobre la que teje esta historia que nos
permitirá viajar a distintos tiempos, entre ellos a 1936, cuando Manuel
Bonilla, partidario del bando sublevado, junto con Luis Rosales intentó pasar a
Federico García Lorca a zona republicana.
Una historia de silencios y de preguntas no
realizadas que años después de la muerte de Manuel su nieto teje enredando la realidad con la ficción en una
narración que emociona y estremece a cada paso con este viaje profundamente
emocional que Víctor Amela emprende implicando al lector en él
Una historia de vidas truncadas y marcadas
para siempre, de personas que ni siquiera muchos años después consiguen
hablar sobre aquel entonces, a través de tres momentos: la guerra civil, el
exilio en campos de refugiados franceses y la posguerra. La historia de los
familiares del autor, sí, pero también la historia de tantas y tantas familias
que vivieron aquella guerra, la historia de todos, al fin y al cabo, esa sobre
la que pesan tantos silencios y tanto dolor.
Víctor
Amela, gracias a la que se adivina una ingente labor de documentación, ficciona
también los días pasados por Federico García Lorca en casa de su amigo, el
también poeta, Luis Rosales e intercala a lo largo de toda la narración
numerosos poemas de su Romancero gitano.
Y así con realidad, con ficción y con poemas vamos transitando por una novela que nos pide calma para
saborearla, para releer pasajes realmente hermosos. Una novela de esas que nos dejan poso, que a cada día que pasa siento que me gusta más.
Sé
que esta reseña no hace justicia a lo que he encontrado en las páginas de Yo
pude salvar a Lorca, es difícil poner en palabras tantas emociones, solo os
puedo decir que son tantas las lecturas que podéis darle que a buen seguro
alguna será la vuestra. No lo dejéis pasar, os aseguro que os emocionará
profundamente.











