La
última semana de diciembre disfruté de unas pequeñas vacaciones y mientras
preparaba el equipaje para pasar unos días fuera de Madrid iba pensando qué
lecturas me acompañarían en esas jornadas de asueto en las que quería salir
totalmente de la rutina y olvidarme todo. Y pensé que era un momento perfecto
para leer alguno de esos muchos libros que se han ido quedando atrás en mi
estantería, desplazados por las novedades editoriales que van llegando
continuamente a casa. Dos fueron las novelas que se vinieron conmigo y una de
ellas es la que reseño hoy, Premio Alfaguara 2016, La noche de la Usina.
Mi opinión
¿Recordáis
el corralito en Argentina en 2001? Seguro que sí. Pues esta
restricción para la libre disposición de dinero en efectivo es el detonante de
la historia que nos cuenta La noche de la Usina. Tranquilos, que no salga
todavía nadie corriendo pensando que se trata de una trama financiera porque
nada más lejos de la realidad. Un grupo de amigos, la mayoría de ellos de
escasa fortuna, han reunido sus ahorros para montar una cooperativa agrícola en
su pequeño pueblo y tratar de salvar así la ruina que parece venírseles encima ante
la falta de oportunidades, pero el desastre financiero es el momento perfecto
para que algunos hagan su agosto con una estafa que dejará a ese grupo de
amigos sin dinero y sin ilusiones. Dolidos por la injusticia cometida y
dispuestos a que ese agravio se repare.
Ni
un entramado financiero ni una novela de venganza, La noche de la Usina es
más el relato de la reparación de la injusticia cuando es la justicia
oficial la que te ha dado la espalda porque el ladrón que roba a un
ladrón… Y Eduardo Sacheri nos brinda este relato con un estilo fluido y
lleno de referencias cinematográficas en el que se aprecian dos partes
claramente diferenciadas. Una primera en la que se nos presenta a los
protagonistas y sus condiciones de vida en el pequeño pueblo de O’Connor y una
segunda parte en la que se prepara el robo, una preparación a lo largo de la
cual el autor hace gala de un buen pulso narrativo y, sobre todo, de
grandes dosis de ingenio y sentido del humor en las aventuras y
desventuras de este grupo de amigos metidos a ladrones sin más bagaje en estas
lides que un buen montón de películas antiguas por visionar para ir cogiendo
ideas.
Con
este mismo tono desenfadado, hilarante en algunos momentos, Eduardo Sacheri
aprovecha para, sin profundizar demasiado en ello, tratar temas tan serios como
la crisis económica que desembocó en aquel corralito y la
indefensión de aquellos que parecen haber nacido para perder siempre frente a
los poderosos que, en las buenas y en las malas, consiguen ganar en todo
momento. Y es que si algo destaca en La noche de la Usina, además de una
historia original, amena y ágil, es el elenco de personajes que nos
presenta su autor, bastante numerosos en una novela poco extensa, pero lo
suficientemente perfilados como para que el lector empatice rápidamente con un
grupo de perdedores que, por una vez al menos, se merecen salir
triunfantes. Personajes inolvidables entre los que destaca
Perlassi, exfutbolista de éxito que tras su carrera deportiva volvió a su
pueblo para hacerse cargo de una gasolinera y que se convertirá en uno de los
personajes más entrañables de los muchos que se pasean por las páginas de la
novela y a través del cual el autor nos deja entrever unas cuantas reflexiones
vitales.
En
definitiva, La noche de la Usina es una novela muy amena que combina con
acierto humor, amargura y rabia. Un drama vestido de comedia y
disfrazado de novela de aventuras con el que Eduardo Sacheri hace gala
de su talento narrador y de su pericia a la hora de construir diálogos
brillantes en los que el uso de los localismos propios de la zona sirve para
dotarlos de mayor naturalidad y realismo. Una novela que he disfrutado
de principio a fin y que no dudo en recomendaros si os apetece pasar
un buen rato sin más pretensión que el mejor de los entretenimientos.











