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21 de enero de 2015

Un pedigrí - Patrick Modiano


París, octubre de 1942. Un hombre y una mujer se conocen durante la ocupación de la ciudad. Él es un judío de origen toscano, ella una belga que persigue el sueño de convertirse en bailarina. Se casan y tienen dos hijos, uno de los cuales es Patrick Modiano. Durante veinte años viven juntos en un piso del muelle de Conti. A su alrededor, un mundo de personajes extraños: hombres de negocios cuyas tareas son siempre misteriosas, actrices de tres al cuarto dispuestas a cualquier cosa, amantes de personajes famosos, alcahuetes y aristócratas decadentes de dudosa sexualidad. Son hombres y mujeres que intentan huir de la guerra y las deportaciones, y tratan de arreglárselas en la difícil existencia de la posguerra. Un universo de rostros con el que Modiano reconstruye un carné de identidad personal. Pero también el cuadro de una época extraña en la que se presiente el desastre. Un texto autobiográfico clave para entender la obra de este extraordinario autor.

EL AUTOR

Patrick Modiano nace en Boulogne-Billancourt el 30 de julio de 1945. Hijo de una actriz belga y de un hombre de negocios italiano, creció entre Jouy-en-Josas y la Alta Saboya. Las ausencias repetidas de sus padres le acercan a su hermano mayor, Rudy, que muere a la edad de diez años. Tras aprobar la selectividad, decide dedicarse plenamente a la escritura. Sus primeras obras giran en torno a la ocupación nazi y el colaboracionismo. En 1978 obtiene el Premio Goncourt por "La calle de las tiendas oscuras" y en 1984 recibe el Premio de la Fundación Pierre de Mónaco por el conjunto de su obra. Ha recibido el Premio Nobel de Literatura de 2014. 


MI OPINIÓN

No voy a negar que los autores premiados con el Nobel por lo general me dan vértigo sobre todo cuando, como es el caso, son unos completos desconocidos para mí. Siempre temo enfrentarme a ellos y que la lectura sea demasiado densa, que no me guste y, lo que es peor, quedar como una auténtica idiota. Si a eso le unimos que, venciendo mis reticencias, en 2013 me animé a leer a la galardonada de ese año, Alice Munro, y que su libro “Las lunas de Júpiter” no me gustó nada, he de confesar que no tenía ninguna intención de leer a Modiano, no me apetecía en absoluto. Pero fue entonces cuando desde los blogs Asteroide B612 y Rustis y Mustis leen, propusieron dedicar a este autor la Navidad y pensaba escaquearme, se me ocurrían mil y una excusas que no llegué ni a exponer porque la sola amenaza de Carax de comenzar un acoso tuitero me disuadió de lo contrario. Después de dar mil vueltas a qué libro leer, es decir, después de mirar cuántas páginas tenía cada libro para que la agonía fuera lo más breve posible, me decidí por esta novela autobiográfica pensando que quizá fuera más ameno conocer un poco de la vida del autor y tengo claro que no me equivoqué en la elección. Desde aquí quiero dar las gracias a las tres blogueras porque si no hubiera sido por ellas probablemente nunca habría leído a un autor que me ha cautivado en este primer, que no último, acercamiento.

Patrick Modiano
Como os he dicho, “Un pedigrí” es una novela autobiográfica que abarca la infancia y juventud de Patrick Modiano hasta la publicación de la que sería su primera novela. Comienza este libro presentándonos a sus progenitores, un hombre de negocios judío de origen italiano y una actriz belga buscando siempre el papel que la lanzara al estrellato. Unos padres que casi  parece que lo fueron por accidente ya que ninguno de ellos se ocupó nunca debidamente de su hijo. Así conoceremos una infancia que poco o nada tuvo de la felicidad y la ternura con la que solemos recordar aquella época, una infancia marcada por el abandono de su madre, la muerte prematura de su hermano y la casi total ausencia de su padre, un hombre más ocupado en sus turbios negocios y sus sucesivas amantes que prefirió dejar a su hijo en distintos internados antes que tener que ocuparse de él.

Son pocos los datos que tiene Patrick Modiano sobre sí mismo y su infancia es un ir y venir de internados y una sucesión de personas que entran y salen del escenario que parece ser su vida sin dejar mayor huella. El autor, en la búsqueda de pistas sobre sí mismo, a menudo se pierde en una retahíla de nombres que pueden llegar a intimidar al lector más avezado ya que aparecen uno tras otros, sin más datos y sin conocer realmente qué papel jugaron en la vida del pequeño Modiano o en la de sus padres. Incluso llega a pedir disculpas por ello en el libro, consciente de que este inventario de personajes puede abrumar al lector aun cuando refleja de forma más que evidente lo que vivió en su infancia, esa época en la que lo más necesario para un niño, además del cariño, es la seguridad que los adultos pueden otorgarle y que, en el caso de Modiano, fue sustituida por el abandono y el desarraigo.

Y todo esto lo narra el autor tomando distancia de unos hechos en los que intenta no dejar entrar los sentimientos. Patrick Modiano casi parece más un espectador de la historia que el protagonista principal de la misma, una vida contada desde fuera, desde la lejanía, con una prosa sobria en la que el tono predominante es frío, aunque en ciertas frases deja ver una emoción contenida que imprime aún más carácter a la lectura. Un lenguaje directo, sencillo y una forma de expresarse casi aséptica consiguen, aunque pueda parecer contradictorio, atrapar al lector en esta desesperada busca de la identidad, en un pasado que es tal incógnita para el autor que ni siquiera supo nunca a ciencia cierta a qué tipo de negocios se dedicaba su padre.

Como podéis ver, el desarraigo y la búsqueda de la identidad son los temas más presentes en esta autobiografía en la que Modiano nos presenta su dedicación a la literatura como algo liberador. Un libro breve, pero intenso que me ha dejado con muchas ganas de volver a leer al autor y que sin duda os recomiendo.



Ficha técnica
Título: Un pedigrí
Autor: Patrick Modiano
Traductora: Mª Teresa Gallego Urrutia
Editorial: Anagrama
Nº de páginas: 136
ISBN: 9788433974655

28 de noviembre de 2014

Ni de Eva ni de Adán (Amélie Nothomb)


Amélie Nothomb se sube en Tokio a la montaña rusa de una hilarante educación sentimental en brazos del muy delgado y muy oriental Rinri, un ávido lector que sueña con entrar en la orden del Temple. Amélie, decidida a aprender japonés enseñando francés a los autóctonos, conoce a Rinri en un bar. Pero, pocos días después, la relación entre maestra y alumno dará paso a una hermosa historia de amor. Distintos episodios nos sitúan, una vez más, ante una rica y peculiar visión de Japón, la de alguien nacido allí pero cuyos orígenes son occidentales, y donde la percepción de la alteridad cobra los más variopintos matices. Nothomb analiza sus experiencias desde una perspectiva casi antropológica, nunca exenta de ironía. La diversión está asegurada, pero también la ternura e incluso la melancolía…, porque cuando Nothomb escribe en primera persona fascina, divierte, hace pensar y hace reír. «Los lectores de Amélie no se quejarán ante tan espléndida cosecha Nothomb» (Marianne Payot, L’Express).


LA AUTORA

Amélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, donde reside actualmente, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y en Japón, donde su padre fue embajador. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio. Es una de las autoras francesas más populares y con mayor proyección internacional.


MI OPINIÓN

Hace algún tiempo leí “Una forma de vida” de Amélie Nothomb y me conquistó con un estilo muy particular y una prosa original, muy expresiva e incluso audaz. Desde entonces tenía claro que volvería a leer a esta prolífica autora belga y, aunque he tardado un poco más de lo previsto, hoy os hablo de otra de sus novelas autobiográficas ya que la protagonista vuelve a ser la propia Amélie la cual nos cuenta como con 21 años vuelve a Japón, país en el que nació y vivió hasta los 5 años. En Tokio, Amélie intenta recuperar el dominio del japonés y decide que un buen método para ello es impartir clases de francés y de paso ganar algo de dinero. De este modo conocerá a Rinri, un joven japonés de 20 años, universitario, adinerado y tímido, con el que terminará teniendo una relación amorosa.

Pero “Ni de Eva ni de Adán” no es una novela romántica, la verdad es que ni siquiera la relación que mantienen Amélie y Rinri lo es sino que se trata de una relación un tanto atípica, en la que él ejerce de amante y de cicerone con visitas a lugares tan emblemáticos como Hiroshima (donde leerán “Hiroshima mon amour”) y el monte Fuji donde Amélie realizará una peregrinación llena de simbolismo y magia. Es una historia de amor en la que ella parece que simplemente se deja  mimar en una relación de pareja en la que hay mucha ternura y poca pasión, o al menos eso es lo que nos deja ver la autora. Una pareja extraña y poco creíble si no fuera porque uno de los miembros de esa pareja es la autora, esa persona que tan peculiar se nos presenta a través de sus libros.

Amélie Nothomb
Realmente la historia de amor entre ambos es la excusa para que la autora nos hable Japón desde el punto de vista occidental. Amélie se mostrará llena de asombro pero siempre respetuosa ante las costumbres y la cultura japonesas y, sobre todo, huirá de los tópicos en los que tan fácil hubiera sido caer. Que la autora es una apasionada del país nipón queda más que patente, su amor por el país es casi reverencial y se siente más cercana e interesada por su cultura y sus costumbres incluso que Rinri, el cual siente más desapego que ella por las tradiciones de su país. Todo ello queda patente muy especialmente en las relaciones que la autora mantiene con la familia de Rinri, que aunque intenta ser amable con ella no pueden aceptar que sea occidental, o con los amigos de él y sus costumbres de ocio que no dejan de sorprenderla.

Amélie logra contagiarnos su pasión por el país nipón a través de su visión de la sociedad y de la cultura japonesas y, a pesar de su amor casi reverencial por el país, ejerce también la crítica hacia algunas leyes como por ejemplo las que obligan a los niños de cinco años a pasar unas duras pruebas de acceso a la escuela primaria, pruebas de las que dependerá que el niño pueda asistir  o no a una escuela de prestigio. No quiero ni imaginarme la presión que pueden llegar a sentir estos niños con semejante responsabilidad a sus espaldas a tan tierna edad y la frustración de aquellos que no lo consigan.

Una novela en la que la literatura también está muy presente ya que la autora se nos muestra como una ávida lectora, también Rinri, por lo que las referencias a autores como Marguerite Duras, Stendhal o Mishima están muy presentes a lo largo de la novela.

Un libro lleno de reflexiones, especialmente en el final del mismo. Y llegado este punto tengo que hablar del final, no lo voy a destripar pero tengo que hacer mención, como ya lo hice en “Una forma de vida” a lo bien que cierra Amélie Nothomb sus libros, al menos los dos que he leído. No deja de ser curioso ya que son historias difíciles de cerrar, con esa mezcla de cotidianidad y absurdo, esa mezcla de lo rocambolesco y lo natural, que me hace temer siempre un cierre precipitado y de los que me dejan con cara de ¿y ahora? Pero no, Amélie cierra sus historias, incluso cuando sus finales dejan siempre abierto el camino a un paso más.

En definitiva una historia divertida, llena del sarcasmo y de la fina ironía de la autora, menos ácida que en “Una forma de vida” pero tan cautivadora como aquella y con su dosis justa de reflexión sin descuidar nunca el entretenimiento. Un libro breve, como todos los que escribe, con una prosa ágil y directa y con el sello inconfundible de Nothomb que vuelve a dejarme con ganas de leer más.


Ficha técnica
Título: Ni de Eva ni de Adán
Autora: Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pàmies
Editorial: Anagrama
Nº de páginas: 176
ISBN: 9788433975010


28 de febrero de 2014

Días sin hambre (Delphine de Vigan)


Esta primera novela de Delphine de Vigan, publicada en el año 2001 con el seudónimo de Lou Delvig por razones familiares, cuenta la historia de una joven anoréxica de diecinueve años. El relato que Laure hace en su diario de un cuerpo al borde de la muerte es verosímil y perturbador. Desde las primeras líneas de la novela el lector acompaña a la joven a través de su recuperación y de su aprendizaje: volver a comer pero, ante todo, volver a sentirse poseedora de un cuerpo susceptible de despertar el deseo del otro. Esta novela de trama mínima es en realidad una poderosa bildungsroman, un despertar a la vida y al amor, aunque el viaje de su protagonista es interior y se desarrolla entre las cuatro paredes de un hospital.

LA AUTORA

Delphine de Vigan es una autora francesa. Su novela "No y yo" recibió el Premio de los libreros y fue llevada a la pantalla por Zabou Breitman. "Las horas subterráneas" (2009), con una gran acogida crítica y muchos lectores, figuró en la lista de obras seleccionadas para el Premio Goncourt y obtuvo el Premio de los lectores de Córcega. "Nada se opone a la noche" ha obtenido numerosos premios entre ellos el Premio de novela FNAC y el Gran Premio de las Lectoras de Elle. Ha tenido un éxito arrollador en Francia, donde ha superado el medio millón de ejemplares y ha estado durante muchos meses en el ranking de las novelas más vendidas. Y es, además, la novela con la que descubrí a esta autora y la que me animó a leer todas las que aparecen aquí nombradas. Podéis leer las reseñas pinchando sobre los títulos.

MI OPINIÓN

Anagrama, tras el éxito de “Nada se opone a la noche”, nos trajo en septiembre del año pasado la que fue la primera novela de Delphine de Vigan. Normalmente me gusta leer a los autores desde sus inicios y no recorrer el camino inverso pero en este caso no ha podido ser así y aunque este libro no ha llegado a emocionarme tan profundamente como lo hizo aquel otro libro sí puedo decir que esta autora tiene, desde sus inicios, una facilidad asombrosa para desnudar almas sobre el papel y llegar al corazón de los lectores.

Estamos ante un libro tan breve como intenso. Con un marcado carácter autobiográfico, motivo por el cual se ocultó bajo seudónimo a petición de su padre,  la autora no sólo nos va a hablar de la anorexia como enfermedad, de sus estragos físicos y de su complicada y lenta recuperación sino que realizará un autoanálisis de su vida, con todo su sufrimiento, su soledad, su incapacidad de amar hasta desembocar en una enfermedad tras la que se esconden graves problemas previos y no sólo los físicos que de ella se derivan por lo que Laure durante su recuperación nos hablará de su familia, de sus carencias y de sus temores.

Laure tiene 19 años. Mide un metro setenta y cinco. Pesa treinta y seis kilos. Laure siente que la muerte late en su estómago. Su cuerpo pide comida y su corazón pide amor. Pero no es hasta que el frío se instala en su cuerpo, un frío que traspasa las páginas y que para Laure es el preludio de la muerte, que decide ingresar en un hospital parisiense. Allí, en la planta 12 para pacientes con trastornos alimentarios, se desarrolla esta novela a través de cuyas páginas asistimos al proceso de recuperación no sólo físico sino principalmente mental. Asistimos también a los retrocesos llenos de miedo, porque para Laure el hecho de decidir no comer hace que sienta que tiene el control sobre sí misma y ahora está perdiendo ese control mientras aprende de nuevo a comer. La autora nos plantea la anorexia como una forma de huir de todos los problemas más allá de una enfermedad por razones puramente estéticas. 

Delphine de Vigan
En este contexto hospitalario la autora, además de la enfermedad en sí misma, tratará dos temas muy interesantes. Por un lado, el compañerismo entre pacientes que día tras día comparten mucho más que un mismo espacio, comparten dolor, comparten miedo y que para Laure se convierten en un sustituto de su familia. Y, por otro lado, la relación de transferencia que puede darse entre paciente y facultativo, más aún cuando hablamos de trastornos con un importante trasfondo psicológico.

Y todo esto nos lo cuenta la autora con un estilo muy depurado y sencillo, desnudo, sin estridencias. Con una prosa que no puede ser más escueta y sobria al tratar un tema con el que facilmente podría haber caído en autocompasiones, sentimentalismos y dramatismos varios, esos que yo no soporto en los libros, esos que van destinados a arrancar la lagrimita fácil en el lector. Pero Delphine de Vigan no necesita nada de eso para emocionarnos, se vale simple y llanamente de la sinceridad y del análisis que sólo se consigue hacer cuando se toma distancia de las cosas a pesar de ser una vivencia en primera persona. Para ello, la autora utiliza en el libro la tercera persona a la hora de la narración, salvo contadas ocasiones en las que pasa a la primera persona.

Un  libro sobrecogedor que es complemento imprescindible para todos aquellos que ya hemos leído “Nada se opone a la noche”, donde la autora se centraba en la figura de su madre, Cecile, aunque dejaba pinceladas sobre el carácter del padre, al cual conoceremos un poco más en este libro, donde hallaremos respuesta a las dudas que sobre él nos quedaron con la anterior lectura.

Una novela que reafirma a Delphine de Vigan como una de mis autoras de referencia. Una novela que avanza y crece conforme avanza la recuperación de Laure, a la que paso a paso veremos renacer. Una novela llena de dolor, dura y conmovedora pero también una novela de esperanza y un canto a la vida. Este libro es el retrato de un cuerpo que se vacía de sí mismo para después volver a llenarlo con todo aquello que un día no tuvo o quizá tuvo y no supo ver. Un cuerpo, una mente, un alma, que tiene que aprender a vivir de nuevo.

Ficha técnica
Título: Días sin hambre
Autora: Delphine de Vigan
Editorial: Anagrama
Traductor: Javier Albiñana
Nº de páginas: 167
ISBN: 9788433978721









27 de septiembre de 2013

Diario de invierno (Paul Auster)


Auster vuelve la mirada sobre sí mismo y parte de la llegada de las primeras señales de la vejez para rememorar episodios de su vida. Y así, se suceden las historias: un accidente infantil mientras jugaba al béisbol, el descubrimiento del sexo, las masturbaciones adolescentes y la primera experiencia sexual con una prostituta, la rememoración de sus padres, un accidente de coche en el que su mujer resulta herida, una presentación en Arles acompañado por su admirado Jean-Louis Trintignant, la estancia en París, una larga lista comentada de las 21 habitaciones en las que ha vivido a lo largo de su vida hasta llegar a su actual residencia en Park Slope, sus ataques de pánico, los viajes, los paseos, la presencia de la nieve, el paso y la herida del tiempo... En definitiva, un magistral autorretrato.

Paul Auster, escritor, guionista y director de cine estadounidense nacido en el seno de una familia judía de ascendencia polaca está considerado uno de los más importantes escritores contemporáneos. Estudió en Columbia y tras licenciarse en Literatura se instaló en París donde trabajó como traductor hasta su vuelta a Estados Unidos donde se estableció y comenzó a dedicarse exclusivamente a la literatura. Imposible nombrar  sólo dos o tres de sus libros ya que este prolífico autor no sólo ha cultivado la novela sino también la poesía, los relatos cortos, el teatro y, como el libro del que hablaré hoy, las memorias. A lo largo de su carrera, Paul Auster ha recibido numerosos galardones entre los que destacan el Premio Médicis, la Orden de las Artes y las Letras de Francia y el Príncipe de Asturias de las Letras.

En 2003 leí por primera vez a Auster. No es que recuerde la fecha, mi memoria no da para tanto, pero acabo de consultarlo en el propio libro ya que cuando comienzo una lectura siempre escribo en su primera página el lugar en el que me encuentro y la fecha. Este primer libro fue "El libro de las ilusiones" y debo decir que me dejó un tanto desconcertada, no hubo nada que me gustara especialmente, me pareció un libro extraño, pero tampoco hubo nada que me disgustara, como he dicho mi sensación fue sencillamente de desconcierto, no estaba segura de haber entendido al autor. Pasaron los años y en 2009 leí "Brooklyn Follies", ahí quedé prendada de Auster y, desde entonces, he leído muchos libros suyos. Afortunadamente ha escrito tantos que también me quedan muchos por leer.

Paul Auster
A pesar de ello, ha pasado más de un año desde que leí "Sunset Park" y ya era hora de volver a leer a Auster, no sólo porque es uno de mis autores favoritos sino porque además tenía pendiente de cumplir el reto propuesto para 2013 de leer y reseñar al menos un libro suyo, así que: ¡reto cumplido! El motivo por el que he ido aplazando y aplazando la lectura de esta autobiografía ha sido sencilla y llanamente la pereza, unida a la llegada continua de novedades y a la eterna lista de libros pendientes, pero su momento llegó y después de leerlo sólo puedo decir que me arrepiento de no haberlo hecho antes porque si ya me gustaba su literatura, estas memorias en las que el autor nos narra su vida en segunda persona, como si quisiera tomar distancia de él mismo, me han dejado totalmente entregada al autor

La lectura de "Diario de invierno" puede ser un tanto complicada en ocasiones ya que Auster no sigue una secuencia lineal y cronológica sino que va saltando de un recuerdo a otro, casi como si fuera plasmando los pensamientos y recuerdos tal y como van apareciendo en su mente. Esta forma de narrar, a pesar de lo liosa que puede ser a veces, ha hecho que la lectura me resultara muy cercana ya que ciertamente se asemejaba a una conversación, a las confesiones que un amigo puede estar haciéndote mientras salta de una cosa a otra según los recuerdos y sensaciones llegan a su cabeza y su corazón. A este pequeño caos contribuye el hecho de que no haya una separación por capítulos y que Auster utilice tanto el pasado como el presente de forma casi arbitraria siempre, además, en segunda persona.

Auster usa el invierno como metáfora de la vejez y el paso del tiempo, de la cercanía y la sorpresa que en ocasiones supone la muerte, tema muy presente en el libro. Nos habla de su vida, de su infancia, su adolescencia, de las 21 habitaciones en las que ha vivido, de mil pequeños detalles que forman toda una vida Nos habla de sus ataques de pánico, de sus dos mujeres, muy especialmente de la segunda con quien lleva casado más de 30 años, de su hija y de su madre, quizá sea de ella de quien más habla Auster en este libro y ha sido realmente emocionante leer las palabras que le dedica.

Nos habla también de sus cicatrices estableciendo un paralelismo entre cuerpo y alma, entre las cicatrices que marcan nuestra piel y que son visibles para el mundo y las cicatrices que nos marcan por dentro y sólo son visibles para nosotros y para aquellos a los que nos abrimos. Y esto es justamente lo que parece hacer Auster en este libro, abrirse a sus lectores, no se esconde tras la figura del autor, ni siquiera nos habla de sus libros o de su particular proceso creativo, Auster nos ofrece en este libro mil detalles para hacer un retrato desnudo de sí mismo a través del cual reflexiona sobre su pasado, su presente y su futuro utilizando para ello su habitual prosa directa y desprovista de artificios.

Un libro que me ha dejado con ganas de leer más Auster, incluso de releer ese primer libro que tanto me desconcertó porque ahora que conozco un poco al Paul Auster hombre entiendo un poco mejor al Paul Auster autor.

Es evidente que el libro me ha encantado y es por ello que quiero puntualizar que aunque su lectura a mí personalmente pueda ayudarme a ver de otra forma sus libros, a leerlos de forma quizá más consciente, no creo que sea un libro recomendable para iniciarse con el autor pero que sin duda hará las delicias de sus seguidores.



Ficha técnica
Título: Diario de invierno
Autor: Paul Auster
Editorial: Anagrama
Nº de páginas: 248
ISBN: 9788433933478