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27 de septiembre de 2013

Diario de invierno (Paul Auster)


Auster vuelve la mirada sobre sí mismo y parte de la llegada de las primeras señales de la vejez para rememorar episodios de su vida. Y así, se suceden las historias: un accidente infantil mientras jugaba al béisbol, el descubrimiento del sexo, las masturbaciones adolescentes y la primera experiencia sexual con una prostituta, la rememoración de sus padres, un accidente de coche en el que su mujer resulta herida, una presentación en Arles acompañado por su admirado Jean-Louis Trintignant, la estancia en París, una larga lista comentada de las 21 habitaciones en las que ha vivido a lo largo de su vida hasta llegar a su actual residencia en Park Slope, sus ataques de pánico, los viajes, los paseos, la presencia de la nieve, el paso y la herida del tiempo... En definitiva, un magistral autorretrato.

Paul Auster, escritor, guionista y director de cine estadounidense nacido en el seno de una familia judía de ascendencia polaca está considerado uno de los más importantes escritores contemporáneos. Estudió en Columbia y tras licenciarse en Literatura se instaló en París donde trabajó como traductor hasta su vuelta a Estados Unidos donde se estableció y comenzó a dedicarse exclusivamente a la literatura. Imposible nombrar  sólo dos o tres de sus libros ya que este prolífico autor no sólo ha cultivado la novela sino también la poesía, los relatos cortos, el teatro y, como el libro del que hablaré hoy, las memorias. A lo largo de su carrera, Paul Auster ha recibido numerosos galardones entre los que destacan el Premio Médicis, la Orden de las Artes y las Letras de Francia y el Príncipe de Asturias de las Letras.

En 2003 leí por primera vez a Auster. No es que recuerde la fecha, mi memoria no da para tanto, pero acabo de consultarlo en el propio libro ya que cuando comienzo una lectura siempre escribo en su primera página el lugar en el que me encuentro y la fecha. Este primer libro fue "El libro de las ilusiones" y debo decir que me dejó un tanto desconcertada, no hubo nada que me gustara especialmente, me pareció un libro extraño, pero tampoco hubo nada que me disgustara, como he dicho mi sensación fue sencillamente de desconcierto, no estaba segura de haber entendido al autor. Pasaron los años y en 2009 leí "Brooklyn Follies", ahí quedé prendada de Auster y, desde entonces, he leído muchos libros suyos. Afortunadamente ha escrito tantos que también me quedan muchos por leer.

Paul Auster
A pesar de ello, ha pasado más de un año desde que leí "Sunset Park" y ya era hora de volver a leer a Auster, no sólo porque es uno de mis autores favoritos sino porque además tenía pendiente de cumplir el reto propuesto para 2013 de leer y reseñar al menos un libro suyo, así que: ¡reto cumplido! El motivo por el que he ido aplazando y aplazando la lectura de esta autobiografía ha sido sencilla y llanamente la pereza, unida a la llegada continua de novedades y a la eterna lista de libros pendientes, pero su momento llegó y después de leerlo sólo puedo decir que me arrepiento de no haberlo hecho antes porque si ya me gustaba su literatura, estas memorias en las que el autor nos narra su vida en segunda persona, como si quisiera tomar distancia de él mismo, me han dejado totalmente entregada al autor

La lectura de "Diario de invierno" puede ser un tanto complicada en ocasiones ya que Auster no sigue una secuencia lineal y cronológica sino que va saltando de un recuerdo a otro, casi como si fuera plasmando los pensamientos y recuerdos tal y como van apareciendo en su mente. Esta forma de narrar, a pesar de lo liosa que puede ser a veces, ha hecho que la lectura me resultara muy cercana ya que ciertamente se asemejaba a una conversación, a las confesiones que un amigo puede estar haciéndote mientras salta de una cosa a otra según los recuerdos y sensaciones llegan a su cabeza y su corazón. A este pequeño caos contribuye el hecho de que no haya una separación por capítulos y que Auster utilice tanto el pasado como el presente de forma casi arbitraria siempre, además, en segunda persona.

Auster usa el invierno como metáfora de la vejez y el paso del tiempo, de la cercanía y la sorpresa que en ocasiones supone la muerte, tema muy presente en el libro. Nos habla de su vida, de su infancia, su adolescencia, de las 21 habitaciones en las que ha vivido, de mil pequeños detalles que forman toda una vida Nos habla de sus ataques de pánico, de sus dos mujeres, muy especialmente de la segunda con quien lleva casado más de 30 años, de su hija y de su madre, quizá sea de ella de quien más habla Auster en este libro y ha sido realmente emocionante leer las palabras que le dedica.

Nos habla también de sus cicatrices estableciendo un paralelismo entre cuerpo y alma, entre las cicatrices que marcan nuestra piel y que son visibles para el mundo y las cicatrices que nos marcan por dentro y sólo son visibles para nosotros y para aquellos a los que nos abrimos. Y esto es justamente lo que parece hacer Auster en este libro, abrirse a sus lectores, no se esconde tras la figura del autor, ni siquiera nos habla de sus libros o de su particular proceso creativo, Auster nos ofrece en este libro mil detalles para hacer un retrato desnudo de sí mismo a través del cual reflexiona sobre su pasado, su presente y su futuro utilizando para ello su habitual prosa directa y desprovista de artificios.

Un libro que me ha dejado con ganas de leer más Auster, incluso de releer ese primer libro que tanto me desconcertó porque ahora que conozco un poco al Paul Auster hombre entiendo un poco mejor al Paul Auster autor.

Es evidente que el libro me ha encantado y es por ello que quiero puntualizar que aunque su lectura a mí personalmente pueda ayudarme a ver de otra forma sus libros, a leerlos de forma quizá más consciente, no creo que sea un libro recomendable para iniciarse con el autor pero que sin duda hará las delicias de sus seguidores.



Ficha técnica
Título: Diario de invierno
Autor: Paul Auster
Editorial: Anagrama
Nº de páginas: 248
ISBN: 9788433933478