Hubo
un tiempo en el que creía que la novela negra no me gustaba. Sí, como lo leéis.
Ni negra, ni policíaca, ni nada que se le pareciera. Mi asesinato más fuerte,
salvo contadísimas excepciones, eran las novelas de Agatha Christie que devoré
durante la adolescencia. Muy suave todo, como veis. Pero eso cambió y no solo
comencé a leer el género, sino que a día de hoy se ha convertido en uno de mis favoritos
y algunas sagas recientes son novelas que no perdono en cuanto se publican así
que tras disfrutar muchísimo con Secretos imperfectos y Crímenes duplicados,
hoy os traigo Muertos prescindibles.
Sinopsis
En
las montañas de Jämtland dos mujeres hacen un descubrimiento macabro: del suelo
sobresalen los huesos de una mano. La policía local llega a la escena del
crimen y no encuentra uno, sino seis cuerpos; entre ellos, el de dos niños.
Todos fueron asesinados por un disparo en la cabeza.
No
hay testigos, no hay pistas y nadie ha denunciado ninguna desaparición… Cuando
el equipo de Torkel Hölgrund acude al lugar de los hechos para hacerse cargo de
la investigación, todo se complica. El psicólogo criminal Sebastian Bergman
atormenta a todos con sus problemas personales consiguiendo, una vez más, que
las tensiones vayan en aumento.
El
caso resulta ser un rompecabezas mucho más complejo de lo que habían imaginado.
La identidad de las víctimas es un enigma y cuando, al final, Bergman ahonda en
las pistas y consigue tirar del hilo, el Servicio Secreto aparece de improviso
para archivarlo. Alguien en las altas esferas quiere tapar estas muertes a
cualquier precio… Pero ¿conseguirán parar a Sebastian Bergman?
Con
la fuerza de Stieg Larsson y la intriga de Twin Peaks, llega un nuevo caso para
Sebastian Bergman, el psicólogo criminal más brillante, atractivo e insufrible
del género negro.
Mi opinión
Seis
cadáveres sepultados en la montaña, entre ellos dos niños, cuya identidad se
desconoce; dos afganos desaparecidos sin rastro alguno, la mujer de uno de
ellos no se resigna a la explicación sobre huida por denegación de asilo que le
da la policía; y el equipo de la Unidad de Homicidios a cargo Torkel Höglund,
ayudado por Sebastian Bergman, dispuesto a esclarecer qué ha ocurrido, son los
mimbres de una novela que no da respiro al lector
desde la primera página intentando
componer un puzle que se adivina imposible, pero cuyas piezas terminarán
encajando tras numerosos giros argumentales que te dejan con la boca abierta.
Así
es Muertos prescindibles, la tercera entrega de la saga del psicólogo criminal
Sebastian Bergman, ese personaje que a pesar del rechazo que suele provocar
tanto en compañeros como en lectores, ha conseguido hacerse un hueco en nuestro
corazón lector. Y es que Sebastian es prepotente, arrogante, borde, egoísta… y
aún así de vez en cuando nos muestra su mejor lado, el más tierno, el
vulnerable, el torturado por su pasado, y termina despertando nuestra empatía
por mucho que nos resistamos a ello. Esto lo consiguen los autores con un perfil minucioso que muestra las luces
y las sombras de
este hombre que casi todos querríamos tener lejos, pero al que es imposible no
querer achuchar en alguna ocasión (pocas).
Junto
a Sebastian encontraremos en esta entrega a todo el equipo que ya conocemos con
alguna nueva incorporación. Poco a poco los autores nos van ofreciendo más
detalles de todos ellos y nos ofrecen personajes que van evolucionando entrega tras entrega. Si en la primera novela aparecían
meramente esbozados, después de tres novelas todos ellos se presentan ante
nuestros ojos de una forma más detallada y personal ya que en estos libros
tanta importancia tiene el caso que se ocupan de investigar como la vida personal
de todos y cada uno de ellos. Este es el principal motivo por el que, a pesar
de ser todos ellos casos totalmente independientes, esta es una de esas sagas
que es especialmente recomendable leer en orden, sobre todo en el caso de esta
última novela en la que las
emociones y los sentimientos de los personajes tienen tanta o incluso más
importancia que la investigación criminal en
sí misma. Aprovechan, además, los autores para poner de relieve a través de la
trama de la familia afgana los problemas de la inmigración, la desconfianza
hacia el colectivo musulmán y nos ofrecen pinceladas sobre las diferencia
culturales existentes en relación con el mundo occidental y el choque que
supone para el inmigrante el intentar adaptarse a ellas sin perder nunca su
idiosincrasia y sus costumbres.
La
narración, como ya nos tienen acostumbrados, es visual, cinematográfica y con
un ritmo que no para de crecer desde el inicio de la novela. Con un narrador
omnisciente, una prosa sencilla y clara, abundancia de diálogos y una
estructura sostenida en capítulos cortos, Muertos prescindibles es una novela que prácticamente
se devora a pesar de su extensión.
Intriga, secretos y acción hacen de Muertos prescindibles una novela de las que
se leen sin casi darte cuenta y en la que tras mil giros inesperados llegaremos
a un desenlace más que satisfactorio para los casos investigados, donde todas
las piezas encajan, y un final, una última línea, que te deja sin palabras,
solo puedes desear tener la siguiente entrega cerca para comenzarla
inmediatamente.
En
definitiva, Muertos prescindibles, siguiendo la línea de sus antecesoras, es una novela adictiva, con una trama bien
armada y una resolución muy satisfactoria que
despierta aún más las ganas de continuar con la saga. Solo nos queda esperar
que la editorial no se haga de rogar mucho y no tarde demasiado en ofrecernos
las siguientes entregas. Y un aviso: Sebastian Bergman crea adicción.


