Octubre y yo todavía reseñando libros que leí en agosto, pero es que el
verano fue tan prolífico en lecturas que es difícil ponerse al día. Hoy os
traigo una novela que debo confesar que en su momento me pasó desapercibida
entre las novedades, pero está claro que cuando un libro debes leerlo termina
por encontrarte de una u otra forma y así, en la pasada Feria del Libro de
Madrid, mientras charlaba con otro autor, Benito Olmo si no recuerdo mal,
conocí a Alejandro Melero que firmaba justo a su lado y que me habló un poquito
sobre su novela, lo suficiente para despertar mis ganas. Hoy os hablo de La luz
de mis días.
Mi opinión
“La luz de mis días” es una telenovela que Luisa no se pierde ni una tarde
para después correr a contarle el capítulo a Marifé, una vecina que lleva una
vida bastante triste y rutinaria, cuidando de Roque, su hermano enfermo, y
sufriendo el desapego de Álvaro, su único hijo, convirtiéndose estos ratos casi
en los únicos momentos de felicidad y distracción de los que puede disfrutar,
olvidando por un rato su propia vida para vivir la de una familia rica en la
que no todo son rosas y alegría porque como en cualquier telenovela que se
precie cada capítulo es un desfile de secretos, mentiras y grandes pasiones.
Alternando el día a día de Marifé con la narración de los capítulos de la
telenovela como si de un juego de espejos se tratase, Alejandro Melero teje una novela que, a pesar de su aparente
ligereza, rezuma sentimientos y emoción en cada una de sus páginas realizando
un retrato de la familia mientras nos regala un canto a la amistad y la lealtad
que nace y crece entre dos personajes, Marifé y Luisa, tan dispares como
complementarios. Dos personajes que
sentiremos cercanos y reales, como si fueran nuestras vecinas, y en los que
reconoceremos muchas de las lacras que asolan nuestra sociedad actual como por
ejemplo la soledad, el maltrato y el
abandono que, enredados en la prosa sencilla y el estilo fresco del autor,
calan en el lector sin necesidad de dramatismos facilones.
Otro de los temas que se tocan en la novela es la atracción y el poder que
la ficción tiene en determinados perfiles de personas y la influencia que puede
tener en sus vidas sin que esto sea siempre algo negativo ya que parte del
crecimiento personal y de la evolución de Marifé a la que asistimos, proviene
no solo de haber paliado un tanto su soledad gracias a su vecina, sino también
de haber vivido como propias las vicisitudes ajenas, con sus caídas y con su
lucha por seguir adelante. Y es que Marifé
es un personaje que realmente me ha fascinado con su crecimiento y con su
capacidad de sobreponerse y salir adelante, con sus ganas de dejar atrás la
oscuridad y vivir con plenitud la luz que ilumina cada día.
En definitiva, La luz de mis días es una
novela que con delicadeza y sencillez nos narra una historia cotidiana que
seguro se esconde tras la puerta de muchas casas a través de una narración que
por momentos se torna, casi sin que el lector se dé cuenta, en un relato intimista e íntimo que invita a la
reflexión. Una novela que esconde
más de lo que aparenta y que, a pesar de leerse con una cierta tristeza,
culmina con un canto a la amistad y a la valentía y con un mensaje tan luminoso
como positivo porque nunca es tarde para volver a vivir plenamente.




