Segunda
novela de la colección Navona Negra que leo y no puedo dejar de preguntarme
cómo no me animé antes. Si hace unos meses fue “En el cielo no hay cerveza” de Carlos Salem, en esta ocasión es un
libro totalmente distinto el que os traigo hoy: “La mujer de gris” de Anna
María Villalonga. A veces no dejas de ver buenas opiniones de una novela por
todas partes y es inevitable sentirse atraída por esa lectura al mismo tiempo
que te asalta el temor de que no llegue a cumplir con las dichosas expectativas
que a menudo se empeñan en jugarnos malas pasadas. Porque con “La mujer de
gris” mis expectativas estaban por las nubes y he de decir que, en esta
ocasión, plenamente justificadas.
SINOPSIS
La
mujer no tenía ningún atractivo especial. Ni guapa ni fea, ni alta ni baja, ni
joven ni vieja. Un personaje gris entre la masa gris. Con un pañuelo al cuello.
¿Podemos
meternos en el interior de otro ser humano? ¿Podemos saber qué conduce a un
hombre a acosar a una mujer que ni siquiera le gusta? Ésta es la historia de
una persecución apasionante, llena de giros inesperados, donde nada es lo que
parece. Una novela sutil, intensa, de gran profundidad psicológica. Un viaje al
interior de unos personajes atrapados sin remedio entre los tentáculos de una
realidad a menudo incomprensible.
Todo
comenzó como un juego para desafiar a la rutina. No se le ocurrió que, a veces,
los juegos se nos escapan de las manos, imposibles de controlar.
LA
AUTORA
Anna
María Villalonga es licenciada en Filología Hispánica y Catalana. Profesora e
investigadora en el Departamento de Filología catalana, Sección Literatura, de
la Universidad de Barcelona. Escribe y hace crítica cinematográfica. Tiene
secciones y columnas en la prensa de Barcelona. En diciembre de 2013 publicó
una antología de relatos negros escritos por mujeres con el título “Ellas
también matan”. La obra que presentamos en esta colección, La mujer de gris, es
una versión escrita por ella misma de su novela originalmente en catalán La
dona de gris.
MI
OPINIÓN
Me
gustan los libros cuya trama se basa en la rutina, en lo cotidiano, en las
personas normales y corrientes, incluso un poco más aburridas de lo habitual,
que terminan sorprendiéndonos y de qué manera. Porque realmente nunca sabemos,
por mucho que nos guste imaginar como es mi caso, cómo es la vida de aquellas
personas que nos cruzamos todos los días en un momento u otro. Personas que
incluso se repiten día tras día, bien porque coincidimos con ellas a la misma
hora en el transporte público, en la cafetería donde desayunamos habitualmente,
o en cualquier otro lugar. Personas grises, como probablemente lo seamos
nosotros para otros, pero personas que, al fin y al cabo, tienen toda una vida
por contar.
Este
es el caso de los dos protagonistas de esta novela. Él, un prejubilado de la
banca del que nunca conoceremos el nombre, lector empedernido, cinéfilo por
encima de todo, que no encuentra motivos para salir de casa cada día una vez su
padre ha fallecido y su vida laboral se ha dado por finiquitada. Ella, Gloria,
una mujer como cualquier otra, que un buen día pierde un pañuelo. Precisamente
el día en el que él se atrevió a salir de su autoimpuesta reclusión hogareña.
Para ella nada cambiará, para él, cambiará todo porque de nuevo tendrá una
razón para salir a la calle, una razón realmente para vivir y dejar de,
simplemente, existir.
Con
unos pocos personajes más, todos grises, todos cotidianos, Anna María
Villalonga construye un relato perturbador. Un relato que atrapa poco a poco
hasta meterse en la piel del lector al igual que el lector se mete en la piel
del protagonista tomando como suya la evolución tranquila, pero no por ello
menos sorprendente, que éste vive a lo largo de unas pocas páginas, no llegan
ni a doscientas, cargadas de referencias cinematográficas. La autora no necesita
de más para meternos de lleno en esa normalidad para unos, no tanto para otros.
En ese concepto que, lejos de cualquier objetividad, tiene tantas acepciones
como intentos de definición.
Alternando
el narrador omnisciente y la voz del protagonista, “La mujer de gris” va
calando en el lector con un ritmo pausado, sin estridencias, y con una prosa
sencilla y cuidada, para meternos de lleno en el día a día de un protagonista
que solo se explica la vida a través de la ficción, a través de los grandes personajes,
tanto de libros como de películas principalmente, que son los que le dan la
experiencia que a él le falta. Una novela que nos habla de cómo el gris puede
tornarse en mil y un tonos por un hecho de lo más fortuito como es la pérdida
de un pañuelo, porque a veces la vida puede cambiar en un instante, un momento
tras el que nada vuelve a ser lo mismo y ya no hay marcha atrás.
Me bebí
esta novela. No de un trago, porque la comencé un sábado por la tarde y una
cena y sobremesa con amigos me hizo aparcarla por unas horas, pero sí en dos
tragos, cuando esa misma madrugada, al volver a casa, no puede evitar coger de
nuevo “La mujer de gris”, que admito había estado rondando mi cabeza buena
parte de la noche, para ponerme de nuevo con ella y no soltarla hasta el final.
Una novela perturbadora e inquietante que no dudo en recomendaros.




